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Durazo, la perversión de la ingratitud

Hará unos dos mil años que Séneca observó, en su Carta 81 a Lucilio, que hay hombres a quienes les pesa tanto deberle algo a alguien, que terminan volviendo contra él su resentimiento.

El ingrato sufre y se atormenta para borrar el favor recibido y en su espíritu sólo queda el rencor.

Alfonso Durazo sería un don nadie sin Luis Donaldo Colosio, que lo tuvo de secretario particular, del que se quejaba en privado y a algunos amigos suyos les pidió nombres para relevarlo.

Luego del asesinato de Colosio, Alfonso Durazo pasó al grupo de los políticamente damnificados por la tragedia y los presidentes Ernesto Zedillo y Vicente Fox lo cobijaron, y a cambio recibieron las puñaladas propias de su perversa ingratitud.

Se acercó a López Obrador, quien lo hizo secretario de Seguridad Ciudadana federal y después candidato a gobernador de Sonora.

Se convirtió en el más obradorista de los obradoristas.

Pero ayer subió una carta a redes sociales, en que preludia su distanciamiento de AMLO y se desliza hacia el regazo de alguien “mejor” que el fundador de Morena. Claudia Sheinbaum.

Dice ahí que el hijo de su exjefe Luis Donaldo Colosio, quien en su calidad de senador formuló una puntual crítica al II Informe de Gobierno, “no entiende la dimensión de la transformación conseguida (sic) por la 4T, particularmente (sic) por el gobierno de la Dra. Claudia Sheinbaum”.

Como presidente del Consejo Nacional de Morena ya percibe la desgracia política y reputacional de los López y levanta la mano para que la presidenta vea que cuenta con su puñal, si es que se ofrece.

Luego, el gobernador de Sonora -gracias al dedo de López Obrador-, apuntó contra el hijo de su exjefe, por quien dice tener un “enorme afecto”, pero lo llama “inmaduro”, “sin autoridad moral”, con “cuentas pendientes” en su paso por la alcaldía de Monterrey.

¿Por qué tuvo que salir Durazo a golpear al hijo de Luis Donaldo?

Uno, porque está en su naturaleza y pertenece a la especie de seres humanos que nunca perdonan a quienes le hacen un favor.

También porque el joven Colosio será candidato a gobernador de Sonora y Durazo, con toda seguridad, ya habrá visto las encuestas privadas.

Al rencor contra Colosio padre, se suma el miedo a perder las elecciones contra el hijo de su exjefe.

Si alguien tiene cuentas que aclarar no es el exalcalde Monterrey, sino Durazo.

Su señalada relación con el narcotráfico.

La compra de una finca al hijo de Amado Carrillo, en Bahía de Kino.

El auge de los cárteles en su periodo como secretario de Seguridad federal, donde operó la estrategia de abrazos con los capos.

El crecimiento brutal de los homicidios en México, registrado durante su paso como secretario de Seguridad.

La instalación de una megaplanta fotovoltaica en Puerto Peñasco, en los terrenos de un empresario amigo suyo y de los hijos de López Obrador, que debió hacerse junto a una ciudad altamente poblada y no al lado de los resorts de su amigo hotelero.

¿Por qué Estados Unidos le quitó la visa, según publicó un prestigiado medio de ese país?

¿Por qué se convirtió en informante de agencias de Estados Unidos, como apuntó Los Ángeles Times?

Y él le pide cuentas al joven Colosio, “sin autoridad moral”, que es el hijo del político más importante en su biografía.

Hay ingratitudes que necesitan muchos años para encontrar las palabras. Alfonso Durazo ya las halló y ayer las puso por escrito.

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