Plataforma electoral. El informe que este martes presentará la presidenta Sheinbaum será un nuevo virtual acto anticipado de campaña: una plataforma electoral con “otros datos” sobre discutibles logros de su gestión, con frecuencia insostenibles, y con promesas inconciliables con la realidad. Un adelanto de ello se puede ver en los contendidos del video promocional del mensaje y en el tabloide de propaganda que el régimen reparte casa por casa. Mentiras y medias verdades que, en realidad, constituyen mentiras enteras; este será, sin duda, un primer plano de la lectura presidencial de la mañana de este martes. Quizás será el segmento más amplio, sin bien refutada previamente, en los análisis de los medios y las redes. Pero hay otros dos planos.
Contrarrestar el culto a AMLO. A juzgar por esas piezas propagandísticas, los publicistas de Palacio parecerían intentar, además, una nueva fase de culto a la personalidad de la presidenta, con imágenes como de revista de país del bloque soviético de la década de 1950. Probablemente se trate con ello de contrarrestar la extendida nociva imagen de una presidenta instalada en el culto y la obediencia a su antecesor, a la que ella misma contribuye con frecuencia, como lo hizo en su primer informe.
Desencriptar. Analistas acuciosos -o dominados por sus deseos- han sembrado expectativas de deslinde con López Obrador desencriptando palabras, gestos y hechos de Palacio. Por ejemplo, la sanción -hasta ahora, polínica y social- a un hijo del expresidente y la desautorización pública del despuesto gobernador de Sinaloa, aliado y operador de AMLO.
Ni Calles ni Cárdenas. Pero no parece factible que la presidenta trace hoy un giro histórico como el de Calles al anunciar el fin de la era de los caudillos, ni como el de Cárdenas al marcarle a Calles la supremacía de la presidencia en funciones sobre sus antecesores.
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