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Aurelio Nuño: “Mientras no haya presupuesto y compromiso, la política educativa es retórica”

Aurelio Nuño, exsecretario de Educación Pública y artífice de la reforma educativa de 2013, analiza la crisis del sistema bajo los gobiernos de Morena. Denuncia la restauración del viejo régimen magisterial, la caída del presupuesto educativo y la ausencia de territorio en la educación inicial, y advierte que sin compromiso presupuestal y un servicio profesional docente la política educativa se queda en retórica.

María Sofía León

Pocas voces han estado tan en el centro del debate educativo mexicano como la de Aurelio Nuño. Exsecretario de Educación Pública y uno de los artífices de la reforma educativa de 2013 —ésa que separó la carrera magisterial del control sindical y que él describe como “la reforma política más importante que ha tenido este país recientemente”—, Nuño conversa con La Aurora Cultural sobre los temas que hoy definen la agenda del sector. Con una mirada crítica y sin concesiones hacia los gobiernos de Morena, el exfuncionario sostiene —en entrevista con la especialista María Sofía León— que la educación sigue siendo la condición necesaria para una vida autónoma, y advierte que, sin presupuesto, territorio y un servicio profesional docente, cualquier discurso educativo corre el riesgo de quedarse en pura retórica.

María Sofía León (MSL): En el contexto de la nueva Estrategia Nacional de Atención a la Primera Infancia, que se publicó apenas en julio de este año, se incorpora una coordinación intersecretarial más amplia que en la estrategia pasada, con más de 30 dependencias y la participación de la Secretaría Hacienda desde el diseño. ¿Por qué crees que se hace este cambio y qué relevancia crees que tiene?


Aurelio Nuño (AN): Ninguna relevancia. No tienen dinero y no han decidido invertir de manera genuina en la educación inicial. Con los gobiernos de Morena, la educación está totalmente relegada. Tú puedes decir muchas cosas sobre educación pero, si no hay presupuesto y compromiso político en cuestiones como el problema sindical, es retórica. Se requiere un buen diseño de política pública y presupuesto; si los proyectos no tienen presupuesto, son demagogia y retórica. 

El de educación es un presupuesto que ha ido cayendo. El Partido del Trabajo se lleva el Presupuesto de Educación Inicial para los Centros de Desarrollo Infantil. Algunos funcionan bien, pero básicamente esto funciona como una cuota política. Y se les da alrededor de 500 millones de pesos. Cuando nosotros hicimos el nuevo modelo educativo, duplicamos el presupuesto de 500 a mil millones. Y mil millones no es suficiente, pero era muy clara la señal de prioridad. Mientras no se tenga ese compromiso presupuestal, no hay mucha esperanza. 

MSL: ¿Y hay algo específico de cómo se elaboró esta estrategia? ¿Hay algo que haya cambiado respecto a la pasada estrategia y que pueda incentivar un poco más a que ésta realmente llegue al territorio? 

AN: Lo veo complicado, porque el tema que tú tienes con la educación inicial —o sea, de cero a tres años— es que prácticamente no está escolarizada. Tienes algunas guarderías; tenías las estancias infantiles que quitaron los gobiernos de Morena. Pero ahí te falta territorio. Y quitaron otra cosa fundamental que es cómo funcionaba el programa: la estrategia nacional que nosotros hicimos y que se apoyaba en Prospera. Era el programa social que transfería recursos a las familias más marginadas del país con una corresponsabilidad para asistir a la escuela y a las clínicas de salud. Eso desapareció y es una de las razones que explican la caída de la matrícula que ha habido en educación desde que gobierna Morena. Si ha habido alguna política de Estado en México, ésa fue la del crecimiento de las coberturas educativas. Durante 100 años hubo crecimiento de coberturas y los gobiernos de Morena han sido los primeros en tirarla. Está relacionado en parte con haber quitado Prospera. 

Nosotros nos apoyábamos en toda la estructura territorial de Prospera: en su mayoría mujeres que eran parte de la comunidad. Llevaban las becas, el registro de que los niños si fueran a la escuela, conocían a los directores de las escuelas y a los trabajadores de las clínicas de salud. Ya tenían un entrenamiento y nosotros les dimos la capacitación para ayudar a dar los servicios de educación inicial. Si bien era una educación inicial no escolarizada —siguiendo el famoso programa de Heckman, quien ganó el premio Nobel de Economía precisamente por su experimento sobre cómo llegar a educación inicial en Jamaica—, tenías personas que hacían visitas a domicilio con toda una metodología y ayudaban a los padres en la primera infancia. Eso es lo que te daba anclaje territorial, porque lo importante de la educación inicial es que llegue a los lugares más marginados. 

Ya no tienen estancias infantiles, que era otro instrumento en donde tú podías desplegar tu política de educación inicial. Tú podías dar capacitación a quienes tenían las estancias infantiles para que no fueran sólamente guarderías, sino que pudieran hacer prácticas de crianza profesionales. Ya tampoco las tienes. Lo que les queda es poder dar capacitación y prácticas de crianza en las guarderías del IMSS, del ISSTE y poco más que cubre una población muy pequeña. Pero si no tienen presupuesto adicional, ¿cómo van a hacer ese despliegue territorial? ¿con qué estructura? ¿a quién le van a pagar? ¿cómo los van a entrenar? ¿cómo lo van a hacer? 

MSL: Pasemos al siguiente tema sobre la consulta que hay en este momento en México sobre el uso de celulares en el aula. La UNESCO reporta que el 58% de los sistemas educativos en el mundo ya restringe o prohíbe el uso de celulares en las escuelas. ¿En qué crees que debería enfocarse esta discusión para atender los problemas derivados del uso de celulares en las aulas? ¿Y cómo evalúas este mecanismo de consultar primero a los docentes antes de definir una regulación nacional? 

AN: Yo creo que está muy bien que se haga una consulta a los docentes. El eje tienen que ser los aprendizajes, es decir, cómo los celulares en el aula lo distorsionan o facilitan. Porque pueden suceder las dos cosas, aunque la evidencia que tenemos de otros países es que, más que ayudar, estorban la enseñanza. No tiene que prohibirse totalmente, pero sí se tiene que restringir su uso. De manera particular en primaria donde, como quitaron las escuelas de tiempo completo, las jornadas de por sí duran sólo cuatro horas. 

En México nos estamos quedando cortos en la discusión. Lo que están haciendo en Francia o Australia va más allá de la restricción en el salón de clases; discute la prohibición o la restricción muy severa para los menores de 14 ó 15 años. En todo caso, para que funcione el celular en las aulas tendría que ser parte de una política pública, en la que todos los niños tendrían que tener uno, o bien una tableta, que provea el Estado.  

MSL: Entremos al tema corporativo clientelar. ¿Qué crees que ha cambiado en la relación del gobierno, con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE)? 

AN: Los gobiernos de Morena restauraron el viejo régimen educativo. En el caso específico de la presidenta Sheinbaum, se trata de la continuidad de la política de López Obrador, sin el control que éste tenía sobre la CNTE. La restauración a la que me refiero es el gran problema educativo de México. Ha impedido el avance de la calidad y de la equidad educativa en el país; es el acuerdo que ha existido entre los gobiernos, los partidos políticos y los líderes sindicales desde 1929. En 1943, cuando todos los sindicatos se unifican en uno solo y se crea el SNTE, ese problema se hizo mucho más fuerte. El SNTE se hace parte formal del PRI, y se empiezan a establecer comisiones mixtas, en donde la definición de la política educativa ocurre de manera bipartita entre la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el SNTE, que adquiere un poder de veto sobre la política educativa. En 1946,  se hace el primer estatuto docente y se les entrega la facultad de nombrar a los directores de las escuelas. Y así empieza el proceso de colonización de todo los órganos de la SEP y de la vida profesional de los docentes. 

Lo anterior significa que el SNTE controla los ingresos, las promociones, los salarios, las normales y la propia formación de los docentes. Y utilizan ese control de manera clientelar, es decir, lo condicionan. Si un maestro quiere un cambio de escuela, un aumento salarial o promoción, tiene que hacer trabajo político para el sindicato. Y el trabajo político consiste en movilización electoral, que fue la columna vertebral del PRI hegemónico. No era una movilización voluntaria. Tenía un alto grado de coacción. Porque, si bien el PRI era un partido hegemónico, las elecciones no eran un trámite. Eran muy importantes para organizar el poder al interior del propio partido. Los maestros tenían que ir a poner las casillas y llevar gente a votar; si no, no podían hacer carrera, tener ascensos u obtener una plaza.  

Lo otro que daba el SNTE al PRI era contención salarial. Esto daba cierta estabilidad al gobierno y creaba un triángulo de acero entre partido, gobierno y sindicato, en el que todos extraían poder, beneficios y privilegios del sistema educativo, menos los docentes y los niños.

Cuando transitamos a la democracia, todo mundo pensaba de manera muy ingenua que se acabaría este problema. Y no: terminó siendo peor. Se cambiaron las instituciones que regulaban el acceso al poder, pero no se transformó el resto de las estructuras e instituciones centrales del Estado mexicano. En el viejo régimen, el presidente no controlaba todo, pero al final ejercía un arbitraje final que limitaba un poco el poder del SNTE. Cuando aquél se pierde, porque el país se democratiza, quedan con más fuerza los poderes fácticos como los sindicatos. 

Los votos valen más en democracia, y el SNTE se pone al mejor postor. Bajo el discurso de pluralidad, crea unidades magisteriales en todos los partidos: una en el PRI, una en el PAN y otra en el PRD. Y entonces empieza a ofrecer sus servicios clientelares de movilización. Después se dan cuenta de que es tan bajo el umbral para mantener el registro que pueden crear su propio partido. Y entonces crean Nueva Alianza; ahí concentran su capacidad de movilización y empiezan a negociar a nivel estatal y federal. 

En los estados, se alían con un candidato y le ofrecen movilización a cambio de la Secretaría de Educación local. Luego hicieron lo mismo a nivel federal —tal fue el acuerdo que hicieron tanto con Fox como con Calderón. Éste les dio la Subsecretaría de Educación Básica, lo cual nunca pasó en los tiempos del PRI. El de Calderón ha sido uno de los gobiernos más dañinos en materia educativa. Cuando llegamos al gobierno en 2012, veintitantos estados tenían como secretario de Educación a gente del SNTE. Y es un problema democrático que una oligarquía, constituida por los líderes sindicales y partidarios decida la política educativa. 

Se trata también, por otro lado, de un problema de calidad. Esa manera de gestionar la carrera magisterial impide contratar buenos docentes y que éstos se desarrollen plenamente. Todo está bajo un control clientelar —incluido su acceso a la seguridad social. Y eso, a su vez, ha convertido el problema educativo en uno de equidad y de libertad porque, sin una educación de calidad, difícilmente te puedes plantear una vida plenamente autónoma o independiente. Esto se agudiza en quienes vienen de las familias más marginadas. 

La evidencia hoy ya es contundente. Cuando logramos hacer la reforma educativa, que precisamente fue eso aunque también política, se separó el control de la carrera magisterial del control sindical. Se creó un servicio profesional docente sin presencia del sindicato, en donde las plazas y las promociones se ganaban por concurso. Por eso los líderes sindicales estuvieron en contra de esa reforma, porque les quitaba esos privilegios y reorganizaba la relación del Estado con el magisterio. Desmontó una de las estructuras de control clientelar más grandes de América Latina y creó un servicio profesional con derechos y obligaciones claros orientados a la educación.

En 2026, se publicó un artículo académico, escrito por tres economistas de la educación —Juan Bedoya, Ricardo Estrada y Rafael de Hoyos—, donde se demuestra que con la reforma se reclutaron maestros mejor formados. Los maestros nuevos apenas representaron el 15% y, aún así, se observa que, con los cinco años que duró la reforma, utilizando los datos de la prueba PISA y contrastando el desempeño de las escuelas públicas contra las privadas en México, se aumentaron de manera significativa los aprendizajes de matemáticas y español. Esto quiere decir que el simple hecho de haber reorganizado el sistema, haber sacado al sindicato, haber implementado evaluaciones y concursos, y haber cambiado incentivos, mejoraron los aprendizajes. 

La reforma funcionó. Y era una reforma político-educativa; cuando decían que era nada más una reforma laboral no entendían nada: claro que modificó el estatuto laboral, pero básicamente era una transformación política de alto calado. Después de la democratización, la reforma política más importante que ha tenido este país recientemente fue la reforma educativa. ¿Qué hicieron López Obrador y Claudia Sheinbaum? Desmontar esa reforma, acabar con el servicio profesional docente, regresar el control sobre la vida profesional de los docentes a los líderes sindicales para que se movilicen en favor de Morena. Y hoy tienen un acuerdo con el SNTE —su líder es senador por Morena. 

Y lo mismo ha sucedido con la CNTE, que surgió en 1979 en contra de este control clientelar y que, al paso de los años, terminó haciendo exactamente lo mismo. Si bien un líder no ejerce la tiranía, sino una asamblea igualmente tiránica que controla todas las posiciones y que ofrece puntos en función de la asistencia a las marchas, que sirven después para tener cambios de escuelas, ascensos y aumentos salariales. No su desempeño en el aula. Ése es un daño que hizo López Obrador y que Claudia Sheinbaum no ha corregido, sino empeorado. Esa regresión es brutal para la calidad de la educación de los niños y, sobre todo, para los que más lo necesitan. Aquí lo de “primero los pobres” es al revés. 

Quitaron asimismo las escuelas de tiempo completo, quitaron seis horas a las escuelas públicas y regresaron a cuatro. Siempre había habido diferencia entre escuelas públicas y privadas, pero habían tenido un instrumento igualador entre ellas. Y llegan los gobiernos de Morena y lo destruyen. Esto no les afecta a ellos, porque sus hijos están cómodamente en escuelas privadas que sí tienen jornada completa.

MSL: Pasemos al tema de las escuelas militarizadas de media superior, luego del triste caso de Daphne Zapata. A partir de eso, la SEP dio a esos planteles hasta el 31 de agosto para abandonar ese modelo o cerrar. ¿Qué falló en la supervisión de las autoridades educativas? ¿Qué se tendría que vigilar ahora en la transición de un modelo militarizado a uno normal, para que no se repita un caso como el de Daphne? 

AN: Simplemente tendrán que vigilar que los elementos militarizados no estén presentes. La SEP da los lineamientos de la política educativa del país, pero eso toca a quienes operan las escuelas que son los estados. A ellos corresponde vigilar que esos lineamientos se cumplan; tienen una responsabilidad constitucional de supervisar las escuelas y su funcionamiento.  

MSL: El reciente examen de ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) nos lleva a otro tema que es el de la inteligencia artificial (IA). ¿Qué desafíos crees que revela el caso reciente del examen de admisión a la UNAM para las evaluaciones de ingreso a otras universidades? 

AN: Primero quiero reconocer a la UNAM, porque ha manejado muy bien la crisis luego del problema suscitado. En segundo lugar, creo que demuestra que el acceso a la universidad —y sobre todo a una buena universidad— sigue siendo la esperanza de millones de personas de poder tener una vida autónoma. Y las familias están dispuestas a hacer todo lo que está en sus manos para que eso suceda. Hay una verdadera ansiedad muy entendible de los jóvenes y de sus familias por ingresar a la UNAM y la frustración de no tener la formación adecuada para ingresar y tener después una vida libre.

Y yo creo que eso nos lleva a una reflexión más grande que se vive en México y en todo el mundo. La educación es uno de los elementos más importantes de la vida humana, una condición no única, pero sí necesaria para tener una vida autónoma, para tener un empleo, para tener autonomía económica, que se traduzca en autonomía política. Eso se profundizará porque el cambio tecnológico demanda más habilidades cognitivas y socioemocionales que se adquieren en la escuela. El problema es que no todo el mundo puede llegar a la UNAM, porque tiene un cupo limitado. Pero el problema es mayor: ¿cuánta gente genuinamente está preparada para llegar a la educación superior? En México muy poca.

Y el problema viene desde primaria. La primera reforma que requiere la educación superior es la de educación básica. No se puede llegar a la universidad sin tener la capacidad de entender un texto o sin saber hacer una regla de tres —que es algo que se formó en primaria. En México, sólo el 1% de los estudiantes de 15 años puede distinguir entre un hecho y una opinión, después de leer un texto, o sabe utilizar una regla de tres para encontrar un valor oculto.  

MSL: ¿Y crees que frente a esta crisis la IA puede acrecentar esa crisis, digamos de aprendizaje básico para llegar a la universidad o puede ser una oportunidad para mejorar o para que lleguen más preparados? 

AN: Puede ser las dos. Aquí otra vez depende de cómo lo manejes. La evidencia que hoy tenemos es que, por un lado, la IA continuará profundizando el problema que ya generó el cambio tecnológico hacia la digitalización y la robotización. Se trata de una polarización laboral, en donde se han automatizado los empleos que requerían de educación media. Crecen los dos extremos: los empleos que requieren habilidades cognitivas y conocimientos más profundos que poca gente tiene, como el de análisis complejos ya sean financieros, de mercados energéticos o sociales. Por otro lado, están aquellos que no requieren de mucha calificación. Es el caso de los repartidores, que cuentan con salarios muy bajos. Todo indica que la IA profundizará este problema. 

Cuando surgió lo digital, todo el mundo decía de manera muy ingenua que se resolvería el tema educativo, ya que se brincaría el sindicato y los niños podrían aprender en pantallas a través de Internet. Eso jamás sucedió ni pasará, porque los niños siguen necesitando la calidad del maestro presencial, que continúa sujeta al control político y clientelar de los sindicatos. Y con la IA pasa lo mismo: las únicas herramientas que más o menos funcionan son aquellas que son complementarias al maestro y que ayudan a éste a conocer con más detalle el ritmo de aprendizaje de sus estudiantes. Pero, al final, todo regresa al maestro. 

Yo tendría un cuidado enorme al incorporar la IA a la escuela. Hay que hacer programas piloto y regresar a lo básico: sabemos que al ser humano le va a ir mejor si puede genuinamente entender un texto, sabe hacer matemáticas y contar con un pensamiento crítico formado desde la primaria. Hay que desmontar el sindicato, hacer un servicio profesional de carrera y asegurarnos de que en las escuelas haya buenos maestros humanos. Las escuelas tienen que tener conectividad y computadoras, pero más importante que eso es que los estudiantes tengan un buen maestro que no esté sujeto a la tiranía del sindicato y que en todos los salones de primaria se logre por lo menos aplicar el 80% de seis horas de enseñanza.

MSL: Hemos hablado mucho sobre cómo llega el aprendizaje a las aulas, a los niños. Otro de los grandes retos, sin embargo, es cómo se evalúa. Sabemos que hay una ausencia de una prueba nacional de evaluación educativa; con todo, tenemos la prueba PISA —cuyos resultados de 2025 vienen en diciembre de este año. ¿En qué medida crees que esta evaluación puede llenar el vacío de la ausencia de una prueba nacional de aprendizajes? Y, por otro lado, ¿qué límites consideras que tiene esta prueba?

AN: Yo creo que PISA es bastante buena y funcional. Mide lo básico —qué capacidad lectora, matemática y de ciencia básica existen. Por supuesto no es todo, pero mide bastante bien y además compara los datos con los de otros países. Podemos tener una discusión inmensa sobre la orientación filosófica de los modelos educativos y pedagógicos; no obstante, en cualquier caso, el principio de la educación es entender un texto y saber algo de matemáticas. Ésa es la base para todo lo demás y para eso sirve PISA. Es el indicador principal de México y el mundo para entender razonablemente bien cómo van los sistemas educativos. En México es lo único que nos queda. Es hasta un milagro que no hayamos salido de PISA, porque toda la lógica de los gobiernos de Morena es ir en contra de la evaluación. La palabra misma fue proscrita de la Constitución.

*María Sofía León. Internacionalista por El Colegio de México.
@Sofi_Leon98

*Aurelio Nuño. Político liberal, jefe de la Oficina de la Presidencia con Enrique Peña Nieto y secretario de Educación Pública entre 2015 y 2017. Tras su paso por la Universidad de Harvard, donde fue profesor profesor invitado y fellow, hoy concluye un libro sobre la reforma educativa. Es también cofundador de ScalePoint, miembro del Consejo Consultivo de Movimiento Ciudadano y articulista de La Aurora de México.
@aurelionuno

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