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Competencia tecnológica global y relevo geopolítico

La Evaluación de la Tecnología Emergente de la Universidad de Stanford (Stanford Emerging Technology Review) de 2026 se centra en 10 campos tecnológicos críticos y sus implicaciones geopolíticas, haciendo hincapié en la convergencia entre campos y en la intensificación de la competencia geopolítica entre Estados Unidos y China.

La IA es una tecnología fundamental —comparable a internet— capaz de acelerar el progreso en todos los campos científicos. Los modelos de IA se centran en la ejecución autónoma, pero son vulnerables a ciberataques, alucinaciones, sesgos y deep fakes.

La biotecnología está evolucionando de una ciencia observacional a una plataforma de fabricación. Los procesos de bio fabricación permiten cadenas de suministro localizadas, reduciendo la dependencia de las fábricas centralizadas.

Además de la IA y la biotecnología, el estudio de Stanford incluye las siguientes tecnologías.

  • Criptografía y seguridad informática: esenciales para la comunicación en línea, la banca y los activos digitales basados en blockchain.
  • Tecnologías energéticas: innovación en fisión nuclear, geotermia y almacenamiento de energía en baterías.
  • Ciencia de materiales: ingeniería microscópica de las propiedades físicas; uso de la IA para descubrir y simular materiales novedosos.
  • Neurociencia: investigación en neuroingeniería, interfaces cerebro-máquina, neurosalud y degeneración neuronal.
  • Tecnologías cuánticas: aprovechando la superposición y el entrelazamiento para la computación cuántica, la detección y la creación de redes.
  • Robótica: convergencia de IA, hardware, modelos de base y entrenamiento simulado para sistemas autónomos.
  • Semiconductores: fabricación de precisión (fabs) e innovaciones en memoria, enlaces fotónicos y chips de IA personalizados.
  • Espacio: megaconstelaciones de satélites, logística espacial y lanzamiento rápido.

Entre los temas estratégicos transversales que se desprenden de la competencia entre EU y China tenemos los siguientes:

La inversión estratégica sostenida de China durante dos décadas pone a Estados Unidos en riesgo de perder su liderazgo y de enfrentarse a sorpresas en el ámbito de la bioinnovación.

Las naciones occidentales dependen en gran medida del capital privado para la infraestructura básica, lo que deja una brecha crítica de financiación para ampliar las instalaciones físicas de biomanufactura.

La inversión federal estadounidense en investigación fundamental básica ha disminuido significativamente como porcentaje del PIB desde los años 60 (pasando del 1.86% en 1964 a ~0.66% en los años recientes). Mientras tanto, las inversiones de China en investigación básica están aumentando seis veces más rápido que las de Estados Unidos.

Los principales avances en IA y tecnología en EU se concentran cada vez más en la industria comercial, lo que debilita la base fundamental de investigación y favorece el flujo de talento de las universidades de investigación. En EU, más de 70% de los doctorados en IA pasan a la industria en lugar de a la academia, lo que acaba con la línea de investigación básica.

Las tecnologías emergentes ya no avanzan de forma aislada. La IA acelera el diseño de proteínas, materiales y robótica, mientras que se requieren semiconductores avanzados y sistemas energéticos para sostener la demanda de procesamiento de IA.

Otras conclusiones son las siguientes:

Mientras Estados Unidos se enfrasca en guerras mal planeadas y acosa a sus científicos, China lo está desplazando como líder global en innovación (energía verde, robótica, IA, biotecnología, entre otros).

El gasto chino en investigación y desarrollo básico crece seis veces más rápido que el de EU, para superarlo a finales de esta década. EU ha descendido al 8.º puesto mundial en gasto en ciencia respecto al PIB.

En el sur global, las nuevas generaciones ven el futuro en torno al progreso tecnológico de China.

Mientras EU acosa a sus aliados occidentales tradicionales, existe una ausencia total de diplomacia efectiva con países como China, Rusia o Irán para gestionar los riesgos cibernéticos globales.

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