La historia está repleta de herederos que descubren, con doloroso pasmo, que el apellido paterno es un pésimo pararrayos cuando Washington decide ajustar las tuercas. Ahí están los vástagos de Ricardo Martinelli, que pasaron de la vida del cabotaje político al amargo trago de la extradición por los enjuagues de Odebrecht. O Nicolás Petro, en Colombia, cuyo escándalo financiero obligó a su propio padre a la pirueta retórica de aclarar en cadena nacional que él "no lo había criado". En Nicaragua, a los hijos de Daniel Ortega les revocaron los visados, obstruyendo las arterias operativas de la dictadura familiar.
En Morena, la reacción ante la cancelación del visado de Andrés Manuel López Beltrán fue entonar el himno del patriotismo agraviado. Ante la sospecha de que el muchacho exquisito anduviera metido en huachicol fiscal, la cúpula prefirió desempolvar la “soberanía nacional” y denunciar injerencia imperialista: el viejo truco de convertir el delito en epopeya. Pero por más soberanista que suene el discurso, a Andy se le encogió el “blindaje ético”. Perdió la aureola de heredero impecable, y su capacidad de mover hilos internos luce tan abollada que los tiburones del partido ya velan sus propias armas.
A la presidenta Sheinbaum le toca rasgarse las vestiduras en público para mantener tranquila a la feligresía del obradorismo, mientras la FGR jura, con la mano en el pecho, que no hay pruebas contra el muchacho. Washington contempla la comedia con holgura: obtuvo otra palanca de negociación envidiable para sentarse a imponer términos en materia de seguridad transfronteriza, dejando a la retórica soberanista como un mero adorno para el consumo local.
La anulación de la visa es la manera más diplomática de decirle a AMLO que sus redes criminales siguen bajo la lupa y que la impunidad tiene límite territorial. Al gobierno de Trump no le quita el sueño el arrebato de un junior arrogante y pendenciero; lo que en verdad les inquieta es que las aduanas y los puertos sigan funcionando como una red con la que operan las empresas vinculadas al entorno de Andy, convertidas en coladeras por donde circula el dinero del huachicol fiscal que oxigena financieramente a los cárteles. EU acumula expedientes pacientemente, sólo para cobrar la factura en la ventanilla adecuada y recordarle a México quién lleva el timbre de la casa.
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