En el informe de la Casa Blanca titulado "The Great Transshipment Scam" (La gran estafa del transbordo), cuya portada luce un Caballo de Troya construido con contenedores, se acusa a México de ser un pivote central de una red global de fraude aduanero, donde mercancías de origen asiático, especialmente de China, son "disfrazadas" de mexicanas para evadir los aranceles estadounidenses y explotar indebidamente los beneficios del T-MEC. Según el informe, han proliferado las llamadas "fábricas de destornilladores" en corredores industriales como Guanajuato y Querétaro, donde se realizan procesos de ensamble superficial o simple re-etiquetado que no constituyen una transformación sustancial, pero que sirven para reclamar un origen regional falso.
Al evaluar la veracidad de estas acusaciones, es necesario distinguir entre datos duros y proyecciones. Por un lado, reportan evidencias de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, de un incremento de 245% en las discrepancias identificadas tras el despacho de mercancías, sumado a que el uso de inteligencia artificial e imágenes satelitales habría validado que muchas plantas carecerían de la capacidad técnica para producir lo que exportan. No obstante, otros aspectos, como la estimación de 450 mil empleos perdidos en EU, derivan de modelos econométricos y suposiciones sobre el desplazamiento de la producción que no han sido observados directamente. El estudio no está libre de prejuicios.
Para México, esta controversia conecta con la desvinculación entre el crecimiento de las exportaciones y el PIB. Mientras el comercio bilateral en dólares reales creció un asombroso 475% entre 1993 y 2025, el PIB mexicano apenas aumentó 83% en el mismo periodo, lo que resulta del bajo contenido de valor agregado doméstico (VAD) en sus exportaciones. En los últimos dos años se ha observado un auge en las exportaciones de equipo de cómputo y electrónicos, las cuales han compensado la desaceleración del sector automotriz. Sin embargo, mientras que la industria automotriz retiene entre 45% y 50% de VAD, el sector de electrónica y equipos de comunicación apenas integra entre 11.7% y 14.7% de contenido mexicano. Más de 85% de lo que exportamos en este rubro es, en realidad, valor generado en el extranjero.
Un agravante estadístico es que las cifras de contenido nacional (como el sistema MECOTVA del INEGI o TiVA de la OCDE) se publican con un rezago de 2 a 3 años. Esto implica que las estimaciones actuales estarían sobrestimando el verdadero porcentaje de contenido doméstico, ya que no reflejan la mezcla de exportaciones que hoy tiene un mayor peso de actividades de bajo VAD. Pero además, de ser ciertas las acusaciones, estaríamos ante otra fuente masiva de sobrestimación, ya que las aduanas estarían contando como "producción nacional" mercancías asiáticas que solo pasaron por el territorio, inflando artificialmente nuestro VAD.
Este escenario es congruente con el creciente desacople entre las exportaciones y el PIB, ya que el ingreso por el grueso de las nuevas exportaciones mexicanas no se quedaría en casa, sino que se transmitiría directamente al crecimiento… de terceros países. Esto explicaría, en parte, la resiliencia China y la reciente aceleración del PIB de Taiwán, Corea del Sur, etcétera, quienes proveen los componentes que México simplemente ensambla.
En conclusión, con una estructura exportadora que no conecta con el crecimiento interno, no podemos esperar que el actual auge comercial se traduzca en el bienestar duradero que México necesita. El lado positivo de la reciente postura proteccionista de EU es que nos obliga a poner el foco en corregir nuestra desvinculación productiva. La verdadera competitividad no vendrá solamente de ser un nodo logístico eficiente para Asia, sino de generar más valor agregado mexicano que se refleje en mayor PIB.
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