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Andy, el diminuto

Las viejas promesas de Andrés Manuel López Beltrán se cayeron a pedazos: "No somos estos juniors abusivos del poder; nosotros no vamos a ser parte del gobierno, no creemos en el nepotismo".

Desde 2012, coordinaba negociaciones y organización territorial sin ocupar cargo alguno. Esa lógica se mantuvo durante la presidencia de AMLO: sin nombramiento oficial ni firma en documentos públicos, se le atribuyó un patrón de autoridad sobre decisiones de proveedores y designaciones de aliados en el gabinete.

La red del tráfico de influencias se desplegó sin escrúpulos. Carlos Torres Rosas, amigo de la infancia y excoordinador general de Programas para el Bienestar, fue nombrado director general de Nafin y Bancomext —bancos de desarrollo con activos por 700 mil millones de pesos—. Amílcar Olán, señalado por tráfico de influencias y cabeza de la red de contratistas "El Clan", presumía cercanía con funcionarios afines a López Beltrán, entre ellos Alejandro Calderón Alipi (hoy secretario de Salud en Tabasco) y Daniel Asaf (actual diputado de Morena).

En este engranaje destaca Daniel Casasús, exsecretario de Obras en Tabasco, quien en diciembre de 2024 desvió casi 12 millones de pesos a factureras ligadas a Hernán Bermúdez Requena, el exjefe policiaco encarcelado por liderar al grupo criminal La Barredora. Casasús vincula directamente la podredumbre de Andy con el crimen organizado, salpicando además megaobras cuestionables como Dos Bocas, el malecón de Villahermosa y el fracasado Sembrando Vida.

Mientras tanto, la denuncia penal interpuesta en 2025 por Federico Döring ante la FGR por huachicol fiscal y enriquecimiento ilícito yace congelada por el encubrimiento institucional.

Acorralado tras estrepitosos fracasos electorales en Durango, Veracruz y Coahuila, el hijo del expresidente huyó a refugiar su figura disminuida en Tabasco, bajo el manto protector de su padre. El 1 de agosto inició actos precoces de campaña en el Distrito 6 violando la ley electoral, obligando a la oposición a interponer quejas ante un INE paralizado, mientras Sheinbaum simplemente se lavó las manos.

El patrón de manipulación permanece intacto: ejercer el poder de forma parasitaria, sin firma ni escrúpulos, aprovechando la complicidad de la FGR y el INE para garantizar que el blindaje del fuero llegue mucho antes que la justicia.

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