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100 años de la Guerra Cristera

Este lunes se cumplen 100 años de las primeras acciones armadas de la Guerra Cristera, cuyo saldo letal fue de decenas de miles de muertos, un cuarto de millón según algunos cálculos, y otro cuarto de millón de exiliados que huyeron a Estados Unidos, pues las guerras no sólo afectan a los combatientes sino también a la población civil que no participa en las acciones armadas.

Ese episodio de nuestra historia ha sido soslayado por los sucesivos gobiernos y no había sido objeto de una crónica a la altura de los hechos sino hasta la publicación de La Cristiada, de Jean Meyer (Siglo XXI Editores), una obra admirable de investigación documental y de recopilación de testimonios de sobrevivientes cristeros.

La versión oficial no resiste un análisis: campesinos que se alzaron en armas para combatir el laicismo gubernamental movidos por un fanatismo del que se aprovecharon sectores privilegiados que estaban contra las reformas sociales de la revolución.

El gobierno prefirió olvidarse de esos hechos porque se trató de un levantamiento popular contra la persecución religiosa emprendida por el régimen revolucionario. Muchos historiadores y académicos no los abordaron quizá porque temieron que, si ahondaban en los factores que llevaron al enfrentamiento, se verían orillados a tomar una postura que podría ser tildada de reaccionaria.

Jean Meyer quiso saber y exponer, y durante su investigación se apasionó por los documentos consultados y se conmovió con los testimonios recabados. Señala que la Cristiada fue un movimiento de resonancia épica. Rechaza que el alzamiento se haya debido a la manipulación de los cristeros por parte de políticos, clérigos y latifundistas. Los que se levantaron en armas tenían motivos propios.

Era frecuente que los soldados entraran a la iglesia de un pueblo y la profanaran. Los habitantes trataban de impedirlo, pero los soldados tenían la fuerza de su lado, y muchas veces, ya profanado el templo, robaban en las casas y abusaban sexualmente de las mujeres. Los alzados defendieron sus derechos religiosos, sí, pero también la dignidad y el honor de hombres y mujeres agraviados.

Meyer subraya que los contingentes cristeros se formaron a partir de una coalición multiclasista rural en la que no tomaron parte los grandes hacendados ni los campesinos a los que el gobierno había entregado tierras. Esos contingentes actuaron con autonomía respecto del Episcopado y del papa Pío XI, quien se abstuvo de asumir una postura pública sobre la guerra.

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