La putrefacción del poder en Baja California ya no la pueden negar ni los más optimistas partidarios de quienes ahora gobiernan.
Marina del Pilar Ávila, en su desesperación por no terminar extraditada, como ella misma lo señaló en uno de los audios dados a conocer por el periodista Héctor de Mauleon, se ha reunido con diversos personajes que dicen conocer los entresijos en que se pueden ir confeccionando entregas o colaboraciones con la DEA o el FBI.
La novedad es que Marina del Pilar recurrió a la experiencia de un exagente del propio FBI para auxiliarla en la obtención de su visa, dice ella, aunque sería la primera vez en la historia que un trámite de ese tipo requiere de semejantes acompañamientos.
Por supuesto que existe la tentación de imaginar al asesor jubilado como una especie de Harry Bosch, el detective de homicidios de la Policía de Los Ángeles, creado por Michael Connelly; o bien, como una suerte de George Smiley, ese sí capaz de identificar y contratar topos por sus reflejos adquiridos en el servicio secreto de Gran Bretaña, como narra con precisión John Le Carré.
Sin embargo, a la luz de los resultados —hasta ahora infructuosos— de la mandataria bajacaliforniana, más bien tendríamos que situar al elenco que la acompaña en una saga de fracasos que se van acumulando.
Mientras tanto, su antecesor en el cargo, Jaime Bonilla, se dice dispuesto a complicarle la vida a la gobernadora, como venganza por negocios cancelados y por esas indisposiciones que suelen entorpecer las relaciones entre quienes despacharon en una misma oficina, y más si esta fue del Poder Ejecutivo.
Y por si fuera poco, despechados del propio poder se suman al relato de la maldad de Bonilla --comprobable, por lo demás-- a quien le añaden la categoría de informante con todas las credenciales del FBI.
Esos son los personajes que Morena encumbró y que ahora están protagonizando una historia bochornosa, pero en la que las consecuencias legales de sus enredos están ya, por lo que se aprecia, en alguna oficina con posibilidades de llevarla ante un gran jurado, en Estados Unidos, por supuesto.
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