Semana 28 de La Aurora. Hacer celebraciones en materia de seguridad siempre es un riesgo, porque los delitos de alto impacto suelen moldear la percepción.
Mientras el gobierno se congratulaba de reducciones históricas, dicen ellos, la terca realidad dibujó un escenario distinto: 10 ejecutados en Zacatecas, a la mitad de los cuales los colgaron en un puente y un alcalde baleado, en su propia oficina, en Temoac, Morelos.
Como suele ocurrir, las autoridades ahora señalan que algunos de los finados zacatecanos “andaban en la extorsión” y que el edil estaba bajo investigación por delincuencia organizada.
El “en algo andarían” es uno de los recursos más utilizados para evitar centrarse en análisis menos edificantes, pero más útiles si de lo que se trata es de revertir o al menos atenuar los niveles de violencia.
Causa en Común, en su informe Galería del Horror, señala que, durante el primer semestre de este año, hubo 2 mil 529 atrocidades, hechos de violencia inaudita que cobraron, cuando menos 2 mil 870 víctimas.
Los estados con mayor proclividad a estas situaciones son Sinaloa y Michoacán. En ambos lugares, hay organizaciones clasificadas como terroristas por el gobierno de Estados Unidos.
De ahí que no sea sorpresa, y solo para dar un ejemplo, que, según el INEGI en Culiacán, capital sinaloense, 90.8% de las personas tiene miedo.
A nivel nacional, 59.8% de la población urbana mayor de 18 años considera que es inseguro vivir en su ciudad.
En cuanto a perspectivas, 32.8% cree que las cosas seguirán igual de mal y 24.3% que empeorarán.
Esto se explica porque los miedos tienen que ver con delitos del orden común, como el riesgo de sacar dinero de un cajero automático, caminar por las calles, ir en trasporte público o viajar por carretera.
Por eso el impacto de las atrocidades es tan profundo, porque añade zozobra, la que no se atenúa con propaganda.
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