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Ensayo: Palestina y la importancia de llamarse Hannah

Armando Luna Franco

El genocidio israelí contra Palestina es una mancha ineludible en nuestro presente. La bancarrota moral y política que representa está por cumplir tres años, y cada vez nos hacen falta argumentos o intelectuales que nos brinden una respuesta para salir de esta catástrofe. Por eso, que saliera un nuevo libro de Hannah Arendt, de apropiado nombre: Sobre Palestina (Taurus, 2025), llama mucho mi atención —no sólo porque la filósofa alemana sea parte de mi canon personal—y de los lectores.

Arendt fue una filósofa judía, exiliada, perseguida en los incipientes años del nazismo, que vivió en carne propia la experiencia de los campos de internamiento, y que hizo de Estados Unidos su segunda casa. Conocida es su participación juvenil en los grupos sionistas alemanes que buscaban el establecimiento de un Estado judío en Palestina y, posteriormente, las críticas que la llevarían al distanciamiento. También es conocida la polémica que produjo su Eichmann en Jerusalén entre la comunidad judía europea y estadounidense, objeto de la imperdible película de Margarethe von Trotta (Hannah Arendt, 2012).

Las credenciales de Arendt son, entonces, indiscutibles para hablar sobre la cuestión palestina. Que este libro aparezca en medio del genocidio no es un asunto menor. En un momento donde necesitamos de cierta autoridad intelectual, histórica y política para dotar de sentido a esta catástrofe, parece un remanso que llegue a nuestras manos el testimonio de alguien que vivió los años fundacionales de esta crisis recurrente. Sin embargo, lamento decirlo, estamos más ante una treta editorial que ante una obra de Arendt como tal.

A nuestros estantes llega un tomo que contiene un brevísimo texto de Arendt que no fue publicado en vida. Escrito en 1944, contenido en un archivo de Adolph S. Oko y resguardado en los American Jewish Archives de Cincinnati, Ohio, es más una reflexión incipiente que un argumento elaborado. El tema de Palestina es más un vehículo para discutir su visión de la política exterior estadounidense y la cuestión energética en la península arábiga. Si acaso su preocupación es más sobre el uso de los judíos como moneda de cambio en la región.

El resto del tomo lo conforman un informe sobre la situación de los refugiados palestinos y unos extensos anexos incluidos por la Comisión conformada para el problema de los refugiados palestinos a finales de los cincuenta. Aunque el nombre de Arendt rubrica este trabajo, junto a un grupo de nombres irrelevantes para esta reflexión, adjudicarle autoría alguna a la filósofa alemana me parece un exceso. El estilo técnico y hasta legaloide del reporte suprime todo trazo de autoría.

Así, me parece evidente que la treta de usar el nombre de Hannah Arendt sirve para publicar materiales que, por mérito propio, difícilmente serían del interés general, si acaso para público especializado muy reducido. Incluso el texto que sí es de su autoría no expresa temas que luego serían característicos de su filosofía política: brillan por su ausencia cuestiones como el totalitarismo, el diálogo como acción política y su relación con la pluralidad, la nostalgia por la polis helénica, o el problema de la ruptura de la tradición en el pensamiento político occidental.

Si ofrece algo de valor esta publicación, es considerar el texto inicial como un testimonio histórico sobre las primeras impresiones que dejó en ella la experiencia estadounidense, tan disímbola ante el colapso de la república ilustrada de la cultura europea. Cabe destacar su idea tan democrática y popular de la política exterior estadounidense, pues consideraba que los votantes ejercían alguna influencia en la toma de decisiones, antes que los intereses empresariales o del complejo industrial-militar. También tiene algo de premonitorio, ejemplo de su agudeza: entendió desde entonces la centralidad del petróleo y el hervidero que provocaría en el mundo árabe.

Antes que la cuestión palestina, este texto permite identificar sus juicios sobre la experiencia estadounidense de textos posteriores como Sobre la Revolución o Desobediencia civil. Es la primera muestra de la influencia del ethos republicano estadounidense en su pensamiento y que, probablemente por agradecimiento como exiliada, ella valoraría de manera positiva. Pero faltaría a su memoria si les mintiera: nada hay que aprender aquí sobre la cuestión judía o Palestina que no puedan leer en Eichmann en Jerusalén. 

En la música hay discos y compilaciones que sólo existen para complacer a los melómanos archivistas. Este breve libro cumple una función similar. Quizá por eso requirió una búsqueda exhaustiva del compilador en archivos del estado de Ohio para encontrarlos. Más que ofrecer una nueva línea de investigación, o una herramienta que enriquezca nuestra discusión pública sobre el genocidio en Palestina, es un testimonio de nuestra orfandad, de la falta de intelectuales públicos. Cabría preguntarse si esto hubiera conocido la luz si el nombre no fuera el de Hannah Arendt.

*Armando Luna Franco. Ensayista y articulista especializado en política mexicana y pensamiento político contemporáneo. Escribe para Animal Político y Revista Común.
@alunaf_89

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