Julio Cavallucci
En 2021, la Barragan Foundation publicó la lista completa de los proyectos en los que participó y colaboró Luis Barragán. Tras varios años de relativo hermetismo, esta lista volvió a abrir conversaciones —ya muy sobadas— sobre patrimonio, autoría y conservación.
La lista también vino a reconocer a algunos “hijos bastardos” del arquitecto tapatío. Proyectos en los cuales la autoría de Barragán era una especulación, o una verdad sabida a voces, confirmaron su linaje con toda la autoridad que la fundación en Suiza puede conceder. Uno de estos proyectos fue la Casa Caballero, la llamada última casa proyectada y construida por Barragán + Ferrera en Gómez Palacio, Durango.
De las pocas cosas que sabemos sobre la Casa Caballero, la que más nos importa para el presente texto, es que Luis Barragán nunca visitó la obra. Lo que se levantó en Durango se construyó con los planos que salieron desde su estudio en la Ciudad de México. Es decir, la casa es producto de lo que hayan interpretado el constructor local y un ejército de trabajadores.
Se habla poco sobre el proceso tan interpretativo y co-creativo de la arquitectura. Cuando hablamos de esta disciplina y decimos que un edificio es de alguien —por ejemplo, que la Casa Caballero es de Luis Barragán—, nadie piensa que Barragán la haya construido con sus propias manos.
El arquitecto proyectista, al que se le concede la autoría y que —por lo general— tiene la primera idea del proyecto, empieza a representar esa idea. Con el tiempo y el trabajo de varias personas, ésta comienza a tomar forma en papel. Los planos de un proyecto ejecutivo son, básicamente, un instructivo detallado de un edificio. Ese instructivo, que ya pasó por muchas manos en su proceso de creación, es ahora interpretado por constructores, maestros de obra, albañiles y carpinteros, quienes “arman” el edificio a partir de él. Por último, es a través de la supervisión de obra que el arquitecto reconoce al edificio como suyo y lo valida como “fiel” a esa primera idea.
Sin embargo, en todo ese proceso sucede algo de lo que normalmente no somos tan conscientes y de lo que no se habla mucho: cada una de las personas por las que cruzó esa primera idea tuvo una lectura y una interpretación de ella. Por ejemplo, si yo describiera la Casa Caballero a dos personas diferentes, la casa que yo tenía en mi cabeza cuando la describí sería diferente a la que interpretó cada una de ellas, y éstas a su vez serían distintas entre sí.
Roman Ingarden, fenomenólogo polaco, quizás diría que todos estos personajes participan en un proceso de co-creación con el autor. Es decir, que al interpretar esa idea primera, quien la representa en papel o quien la construye entra, de alguna manera, en un proceso en el que crea la obra junto con el autor.
A partir de todo lo anterior, concluyo con las siguientes preguntas: ¿podemos atribuir la autoría a Barragán si él nunca visitó la obra? En ese caso, ¿sería menos válido construirla hoy con esos mismos planos? Y por otro lado, ¿esta ausencia de supervisión y reconocimiento por parte de Barragán hace a la casa menos valiosa en términos de calidad arquitectónica? ¿Esta “ilegitimidad” en el campo de la autoría afecta la forma en la que admiramos la obra?
*Julio Cavallucci. Arquitecto por la Universidad La Salle. Ha trabajado en Zeller & Moye, Cano Vera y Taller ADG. Desde 2021, colabora como profesor asistente del taller Palimpsest Barragán de la Architectural Association.
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