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Pobreza 1950-2024 'Nexos'

La pobreza suele discutirse desde la coyuntura política. La edición de este mes de Nexos propone hacer exactamente lo contrario. Como parte de las actividades del Observatorio Social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), junto con Raymundo Campos escribimos el ensayo principal de la revista cuya pregunta central no era si un gobierno redujo o aumentó la pobreza, sino qué lecciones dejan 75 años de experiencia para el futuro.

En 1950, casi nueve de cada 10 mexicanos vivían en pobreza. Hoy esa proporción es cercana a una tercera parte. Sin embargo, esa historia no ha sido lineal. Ha habido décadas de avances importantes, pero también momentos en que las crisis económicas borraron en pocos años buena parte del bienestar construido durante mucho tiempo.

La primera gran lección es que la pobreza nunca ha disminuido por una sola política pública ni por la acción de un solo gobierno. Los tres grandes periodos de reducción —1950-1984, 1996-2006 y 2014-2024— ocurrieron bajo administraciones de distintos partidos y con estrategias diferentes. A pesar de sus diferencias, todos compartieron algunos ingredientes: estabilidad macroeconómica, crecimiento económico o mejora de los ingresos laborales, expansión del empleo, inversión en educación y salud y políticas sociales que fortalecieron el ingreso de los hogares más pobres. Cuando esos factores coincidieron, la pobreza bajó; cuando alguno faltó, los avances se frenaron o incluso se revirtieron.

También aprendimos qué no funciona. La inflación descontrolada, las crisis financieras y la inestabilidad macroeconómica castigan primero a quienes menos tienen. La crisis de 1995 y la de 2009 demostraron que la pobreza puede aumentar mucho más rápido de lo que tarda en disminuir. La estabilidad económica no suele ocupar los titulares, pero ha sido uno de los instrumentos más eficaces para proteger a los hogares de menores ingresos. Otra lección es que los programas sociales son importantes, pero el desempeño macroeconómico del país explica mejor los grandes cambios en la pobreza.

Pero quizá la principal conclusión de nuestra investigación está más allá de la pobreza. A pesar de los avances, México ha cambiado muy poco en movilidad social. Siete de cada 10 personas que nacen en los hogares de menores ingresos no logran salir de los estratos bajos durante su vida. Hemos conseguido aliviar carencias con mayor ingreso, pero no hemos logrado romper el vínculo entre el origen de una persona y su destino.

Esa diferencia es fundamental. Reducir la pobreza significa que menos familias pasan hambre, tienen mejores ingresos o acceden a servicios básicos. Igualar oportunidades significa algo distinto: que el lugar donde se nace, el nivel educativo de los padres, el género o la región del país dejen de determinar el futuro de una persona.

México necesita seguir reduciendo la pobreza, desde luego. Pero la siguiente gran tarea consiste en construir un país donde el origen pese cada vez menos. No sólo por justicia social, sino porque un país donde el origen pesa menos también es un país que crece más. Reducir la pobreza alivia carencias; igualar oportunidades cambia destinos.

¡Láncense por su revista durante Julio, entre partido y partido!

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