Lo previsible ya ocurrió: Trump mandó el T-MEC al terreno de la incertidumbre de las revisiones anuales, por lo menos mientras él permanezca en la Casa Blanca. Así, el hoy en día principal motor de la economía mexicana –el sector exportador— en vez de convertirse en uno de ocho pistones pasará de seis a cuatro. Hasta nuevo aviso. No habrá crisis, simplemente seguiremos en la mediocridad de tasas de crecimiento de alrededor de uno por ciento. Vaya segundo piso de la transformación.
Es cierto que nadie puede impedir que los caprichos de Trump se hagan realidad. Pero lo que es imperdonable al gobierno de Sheinbaum, y en general a la 4T desde AMLO, es su ceguera para elaborar un proyecto económico que incluyera esa contingencia y propuestas alternativas.
Si usted revisa los planes nacionales de desarrollo tanto de López Obrador como de Sheinbaum no va a encontrar nada que valga la pena mencionar como tal; ninguna idea de qué tipo de economía es viable y deseable para generar y distribuir la riqueza necesaria para mejorar al nivel de vida de los mexicanos. ¡Nada! Como si la que tenemos fuera la mejor y no estuviera expuesta a las nuevas condiciones de proteccionismos, guerras geoeconómicas y cambios tecnológicos acelerados.
La ignorancia y el pensamiento mágico de AMLO explican que creyera que el crecimiento económico no requería ninguna intervención inteligente y conjunta del gobierno con el sector privado. Por eso en su sexenio la economía creció, de milagro, a una tasa anual promedio de 0.6%. Claudia iba por el mismo rumbo, pero alguien le debió advertir que era necesario hacer algo y cuatro meses después de iniciada su presidencia publicó el Plan México que, comparado con la nada de AMLO, parecía bueno; al menos tenían algunas ideas para orientar la economía e invitar al sector privado.
Sin embargo, era un plan sin viabilidad no solo por sus deficiencias internas (no planteaba metas ni tenía recursos para ser financiado) sino sobre todo porque su proyecto político autoritario (reforma judicial) mata la confianza del sector empresarial. En privado y en los hechos, los dirigentes y organismos empresariales le han dicho a Sheinbaum reiteradamente que, sin certeza jurídica, sin Estado de derecho ninguna economía crece. Ya vamos en el segundo año de estancamiento económico debido a tasas de inversión privada en caída libre, pero la presidenta no quiere entender.
Y entonces llega Trump y desinfla el motor exportador que le dejaron a la 4T los gobiernos neoliberales. ¿Sabe qué va a hacer el gobierno? Nada. Bueno sí, va a envolverse en sus discursos nacionalistas de las mañaneras, pero no lo que debiera hacer: convocar al país, a empresarios, productores agropecuarios, sindicatos, etc., a definir de manera conjunta un proyecto económico alterno. Hay tantas cosas por hacer para impulsar la economía aún en las condiciones actuales, pero no entienden que gobernar es rectificar cuando es necesario; convocar y sumar esfuerzos. Inútil pedirle peras al olmo.
Pero no solo el gobierno carece de visión estratégica. Considerando la centralidad que tiene para la 4T que crezca la economía, es increíble que el sector privado mexicano no se unifique y negocie con el gobierno un plan económico: “Invertimos, hacemos crecer la economía y diseñamos juntos mecanismos redistributivos a cambio de reconstruir el Estado de derecho e inversión pública en infraestructura indispensable, etc.”. Pero no. Los principales empresarios negocian sus intereses particulares –lo cual es legítimo— sin animarse a plantear, como el factor de poder real que son, un proyecto de interés nacional. Qué miopía.
Los apuros del T-MEC han creado el momento ideal para hacerlo. No se trata de que conviertan en oposición, se trata de que le hagan un servicio al país y obliguen al gobierno a tener un proyecto de crecimiento económico.
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