Nomenklatura. Viene del ruso y quiere decir de manera literal, las listas del Partido. Porque en la URSS, nadie ocupaba un cargo sin la bendición explícita del Comité Central. Nadie ascendía sin que alguien muy arriba, le pusiera una palomita junto a su nombre. El comunismo prometía una sociedad sin clases y lo que produjo fue una elite que se autonombraba pueblo, con muchas dachas (casas), guardias, clínicas privadas y tiendas exclusivas adonde el pueblo común no podía entrar. Una nueva aristocracia que juraba no serlo.
El término sobrevivió a la caída del muro. Y en la actualidad según la Real Academia, se trata de cualquier oligarquía enquistada que se cuida a sí misma para conservar sus privilegios. Una definición que casi da ternura por lo lineal que es.
Porque tenemos muchos casos pero en especial, tenemos el de La Comisaria Presidenta.
El 3 de mayo asumió la presidencia del partido y llegó elegida por unanimidad en el Congreso Nacional Extraordinario (o de urgencia) celebrado con toda la “austeridad” del movimiento, en el WTC. La Comisaria Presidenta venía de ser la súper Secretaria del Bienestar, porque administraba el presupuesto social (y su consiguiente desfalco todavía sin explicar) más grande del gobierno federal durante cuatro años. Su primer discurso fue como manda el ritual Transformador, una declaración de guerra contra los privilegios. Pidió austeridad. Rechazó los coches de lujo. Llamó a predicar con el ejemplo. Instó a desterrar el nepotismo, el clasismo y el machismo. Aseguró que en el Partido los corruptos no tienen cabida. Fue un discurso tan impecable que casi les llegó al corazón a todos. Casi. Porque entre partidos de futbol y manifestaciones contra su régimen, mientras ella aseguraba ante las cámaras que habría honestidad y ética en sus candidatos, en otro salón del mismo edificio se registraban los mismos corruptos de siempre a las Coordinaciones Estatales de Defensa de la Transformación. Bonito nombre. Suena a escudo, a misión y a vocación por el pueblo. Cuando en realidad es el nombre nuevo de una práctica vieja, la de adelantar candidaturas sin llamarlas candidaturas. La Suplente misma fue nombrada coordinadora nacional antes de ser candidata presidencial. Así funciona su método desde hace años. Se le llama de otra manera. Como a todo lo que hacen. La coordinación de algo en la política Transformadora, no es consenso. Es mera nomenklatura.
Se registraron 227 aspirantes para 17 gubernaturas.
La Comisaria Presidenta dijo que quien aspire a una candidatura debe tener una trayectoria impecable. Que si alguien gana la encuesta pero tiene manchas, no será candidato. Lo dijo ante gobernadores, senadores y diputados ahí reunidos. Algunos de ellos, en ese mismo momento, coordinaban a sus propios coordinadores tronándoles los dedos.
Porque hasta en eso se parecen a la nomenklatura soviética. También tenía sus rituales. Sus congresos. Sus discursos sobre el pueblo. Sus unanimidades. Sus discursos populistas. Sus listas que nadie veía, pero todos sabían que existían. El sistema no se sostenía por la fuerza, sino por su liturgia. Por la capacidad de nombrar las cosas con palabras que no mostraran lo que en realidad eran.
Coordinadores. Defensores. Transformación. Impecables.
Solo el lenguaje cambia. Porque las listas permanecen. Y repito, la Comisaria Presidenta prometió que no habrá corruptos en sus candidaturas. Pero jamás prometió sacarlos del partido ni quitarles sus puestos públicos. Mucho menos sancionar a quien fuera culpable. Prometió como toda buena politik, solo ponerle otro título a la lista…
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