Como tantas cosas construidas por Morena, unas las tumbó el propio López Obrador (Insabi), otras las corrigió la presidenta Sheinbaum, (postergar el Poder Judicial), y otras están cayendo por el propio peso de la realidad. Una de ellas es el pleito ficticio con el reino de España.
Andrés Manuel López Obrador, nieto de un español, se le ocurrió “pausar” la relación con España, hasta que el rey Felipe VI pidiera perdón por la Conquista, la Colonia, el vasallaje y la pedrada que le dieron a Moctezuma, y más bla, bla, bla, de politiquería histórica, que sirve como excusa a la mediocridad gubernamental.
Evidentemente la relación bilateral se deterioró, además con un embajador, Quirino Ordaz, maniatado, por dejar el cargo de gobernador que ocupó, a Rubén Rocha Moya. Compleja carta de presentación en Europa. Pero tan malo el pinto como el colorado. El gobierno de España, del socialista Pedro Sánchez, primer líder extranjero en reunirse con López Obrador (incluso le regaló una copia del acta de nacimiento de su abuelo José Obrador, natural de Ampuero, Cantabria), se encuentra desde hace meses sumergido en un lodazal de corrupción donde están imputados, juzgados y hasta sentenciados, todo el círculo íntimo del presidente Sánchez: la esposa, varios dirigentes, y el ministro de Transportes y secretario general del PSOE, José Luis Ábalos, quien tiene una sentencia de 24 años por organización criminal. El gobierno de España actual es digno reflejo de las triquiñuelas de cualquier pillo mexicano. El socialista Ábalos utilizaba dinero público para fines privados, tenía tratos con la Venezuela de Nicolás Maduro, y en tiempos de López Obrador vino a México. Todo eso salió en el juicio. ¿Hizo algún negocio aquí? ¿Qué empresario o político lo atendió? ¿Fue a Oaxaca?
Por si fuera poco, el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero también está en el banquillo de los acusados, por hacer negocios desde el poder. Le encontraron en su caja fuerte, joyas por más de 25 millones de pesos. Y Zapatero (mentor del presidente Sánchez) es como los “morenos”, también hablan de austeridad y pobreza franciscana.
El flujo comercial, la inversión extranjera directa, se han debilitado por el capricho histórico e imprudente de López Obrador, pero el daño a la identidad nacional mexicana es inmenso. AMLO sólo nos alejó del mundo. Los caciques viven cómodos en su feudo. Temen a la apertura, a la pluralidad, a lo diverso. No creen en la sociedad abierta. Quieren muros, para protegernos de los “extraños”. Ahora Claudia Sheinbaum, que sabe de la globalización, parece deshacer el entuerto obradorista y seguir a Miguel León-Portilla, uno de los grandes estudiosos y reivindicadores de los pueblos originarios de México, autor de Visión de los vencidos, quien sentenció en una entrevista con la periodista Maite Rico: “Si un mexicano odia lo español, se odia a sí mismo” (El País. 17.01.2011). Y agregaría, “si un español odia a México, es un gilipollas”.
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