Estados Unidos lleva a cabo de manera silenciosa la movilización militar y de espionaje más grande en la historia sobre México por mar, tierra y aire, con el pretexto de la lucha antinarcóticos. La pregunta es si Donald Trump autorizará a atacar al Pentágono.
¿Podría despertar México con la noticia de que el Comando Sur de Estados Unidos bombardeó unilateralmente a un jefe del narcotráfico como ya lo hizo este año en Ecuador y Venezuela? Hasta ahora la moneda está en el aire.
Con mensajes bien coordinados, el presidente Trump, el vicepresidente JD Vance y el secretario del Pentágono, Pete Hegseth, han repetido una y otra vez que por seguridad nacional emprenderán incursiones militares directas en México, aunque prefieren la cooperación con el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
El problema estriba en que para Trump la cooperación en seguridad con México implica que el gobierno mexicano autorice, explícita y totalmente, la entrada de tropas y bombardeos de EU en nuestro territorio.
Al equiparar a los cárteles de la droga con terroristas, EU ha aumentado significativamente la vigilancia sobre México. Lo corroboran la intensidad de los sobrevuelos de EU. Además del despliegue de miles de soldados norteamericanos en la Fuerza de Tarea Conjunta de la Frontera Sur, con unidades de combate, equipados con vehículos blindados Stryker y vigilancia tecnológica.
La CIA lleva a cabo operaciones encubiertas con drones MQ 9 Reaper en el Pacífico hacia la Sierra Madre Occidental para rastrear información sobre los grupos del "Cártel de Sinaloa". Son drones espía, sin estar artillados hasta ahora.
Las Fuerzas Armadas de EU han aumentado significativamente su vigilancia alrededor del golfo de Cortés sobre los cárteles de la droga mexicanos con 18 misiones de aviones P-8 de la Marina, que cuentan con sofisticados sistemas de radar para recolectar imágenes y señales de inteligencia.
Incluso EU utilizó desde febrero vuelos de casi seis horas sobre la frontera y aguas internacionales de México del avión espía U-2 que fueron utilizados durante la Guerra Fría para espiar a la URSS. Analistas indicaron que es la primera vez que se usan los U-2 en espionaje antinarcóticos.
La armada y la guardia costera norteamericanas también vigilan en aguas internacionales sobre Baja California y la Península de Yucatán, incluyendo el portaaviones USS Nimitz, que participó en las guerras del Golfo, de Irak y de Afganistán. Recientemente navegó a Cuba.
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