Para que el T-MEC tenga una bolsa de oxígeno frente a la presión de Donald Trump, México necesita desesperadamente un triunfo del Partido Demócrata en al menos una de las cámaras del Capitolio en las próximas elecciones intermedias en Norteamérica.
De cualquier forma, el triunfo demócrata no garantiza a México beneficios automáticos para la negociación del T-MEC. El sector anti libre comercio en el partido es predominante. Son proteccionistas, defienden el empleo en EU y a sus sindicatos, AFL-CIO. Son contrarios a la deslocalización industrial, offshoring.
Sin embargo, hay un ala demócrata que ve en el T-MEC un instrumento para contener el radicalismo arancelario de Trump.
En una encuesta de Los Angeles Times, Trump fue el peor evaluado de los 45 antecesores. Atraviesa el momento más crítico de su mandato. Abandonado por la mayoría de su base de apoyo MAGA y una rebelión de senadores en sus filas republicanas.
La pérdida de influencia de Trump puede beneficiar a México. Fuerte, Trump profiere amenazas arancelarias y liga el T-MEC con acuerdos para atacar militarmente a los cárteles. Debilitado, México puede hacer una negociación comercial más técnica, apegada a reglas y menos política.
Se ha evaporado el respaldo a la política económica de Trump entre la clase trabajadora blanca no titulada, según varias encuestas del NYT, entre otras de CBS, Fox News y CNN. El alto costo de vida y la guerra con Irán han hecho que lo abandonen sus seguidores más fieles con una desaprobación que va del 67% al 53%.
Seis senadores republicanos se unieron a los demócratas para bloquear 400 millones de pesos del proyecto de Trump de construir en la Casa Blanca un salón de baile que eliminaría el ala este.
Cuatro senadores republicanos votaron con los demócratas para exigir el fin a la guerra de Irán. Trump se negó a firmar una ley bipartidista para aumentar la oferta de vivienda que cuenta con amplio respaldo popular. Enojado porque no aprobaron su iniciativa para que los norteamericanos mostraran su nacionalidad al votar.
Polymarket, que predice escenarios, estima que el próximo 3 de noviembre que se renovarán 36 gubernaturas, la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, hay un 84% de probabilidades que los demócratas tomen el control de la Cámara baja y un 55% de que los republicanos mantengan el liderazgo en la alta.
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