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El papa y yo

Siendo este mi primer artículo en La Aurora, siento la necesidad de presentarme ante mis posibles lectores, no tanto para relatar mi camino intelectual, sino para mostrar, en la medida de lo posible, la lógica de mis temáticas y argumentaciones. Soy profesor del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México, desde 1999. Especializado en sociología de las creencias (religiosas o seculares), me he dedicado particularmente al estudio del catolicismo, del Estado laico y de la secularización, aunque, curiosamente, empecé a interesarme por las religiones, estudiando temas relativos al entonces llamado islam político, en la época del ascenso de Jomeini en Irán. Pero además de este trabajo, he escrito artículos periodísticos a lo largo de casi 30 años; seis en La Jornada, cuando estaba dirigida por el inteligente y sensato Carlos Payán y más de 23 en Milenio, hasta que la mano larga de la intolerancia gubernamental de la mal llamada 4T y su desapego a la libertad de expresión, provocaron mi salida.

Titulo así este primer texto, porque originalmente pensé en escribir sobre la primera encíclica de Roberto Prevost, mejor conocido ahora como León XIV. Esta “carta circular”, que eso significa originalmente en griego, es un largo documento que, como su subtítulo señala, trata “sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”, asunto en el que el papa se monta de manera crítica sobre un debate ya iniciado desde hace tiempo. Y es en este tema que, lógicamente, se han concentrado los medios de comunicación.

Su extensión hace imposible reseñarlo en este espacio, aunque su primera línea explica el propósito de la misma: “La magnifica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva”. En este aspecto, la crítica al transhumanismo y al poshumanismo es central para entender el interés de la Santa Sede en el tema. En otro momento me extenderé sobre la argumentación pontificia. Prefiero ahora centrarme en un capítulo menos publicitado, pero que creo nos concierne como comunicadores, uno que habla sobre la verdad como bien común y su relación con la democracia. Dice León XIV que el uso de plataformas digitales y los sistemas de IA, aunque son “herramientas que podrían favorecer el debate y la participación, se utilizan a menudo para construir narrativas sesgadas y difuminar los límites entre lo verdadero y lo falso, mezclando datos y opiniones”.

El papa, citando a Hanna Arendt, conecta búsqueda de la verdad y democracia: “El desinterés por la verdad conduce lenta pero inexorablemente hacia el totalitarismo, para el cual… los súbditos ideales no son tanto aquellos ideológicamente convencidos, sino ‘las personas para quienes ya no existe la distinción entre el hecho y la ficción (es decir, la realidad de la experiencia) y la distinción entre lo verdadero y lo falso’”. Parece un retrato hablado de la situación en México y en muchas de nuestras deterioradas democracias.

A pesar de ser yo alguien a quien Dios no le concedió la gracia de la fe, me alineo completamente con lo dicho a propósito por el papa en esta encíclica: “La primera tarea que nos corresponde es no demonizar ni idolatrar los medios, sino gestionarlos a partir de un punto fijo: la verdad es un bien común y no una propiedad de quienes tienen poder o visibilidad”. Mi promesa es que eso trataré de hacer en mis contribuciones semanales.

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