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El boom exportador de México

México vive un boom exportador inesperado. Buena parte de esta historia, paradójicamente, se la debemos a Donald Trump y su política arancelaria.

Hace poco más de un año, cuando Trump comenzó la guerra arancelaria más intensa de los últimos 80 años, el consenso no era del todo optimista para México. Se anticipaba un escenario complejo por nuestra alta dependencia de EU y porque en aquel momento era difícil imaginar que, en medio de una ola global de proteccionismo, las exportaciones mexicanas pudieran resistir.

Eso es, sin embargo, lo que ocurrió.

Las cifras más recientes del INEGI revelan un crecimiento sorprendente de más de 30% en las exportaciones totales, mientras que las exportaciones manufactureras no automotrices avanzan 45%. Son números inimaginables apenas hace algunos meses.

Este boom exportador tiene varios orígenes. El primero es que México, a pesar de la retórica, logró mantener la enorme mayoría de sus exportaciones —más de 80%— libres de aranceles. A pesar del discurso agresivo de Washington y de los aranceles sectoriales, que sí han golpeado a industrias como la automotriz, el acero y algunos productos agrícolas, Estados Unidos respetó, en términos generales, los principios de acceso libre de arancel a los productos T-MEC.

Eso ha dejado a México en una posición relativa mucho más favorable frente a otros países que hoy enfrentan barreras comerciales más severas para entrar a un mercado que vale 3.5 trillones de dólares.

El resultado es que México no solo se ha consolidado como el principal exportador de productos a Estados Unidos, sino también, recientemente, como el principal comprador de sus productos. La actual participación de mercado de 17% fácilmente podría seguir creciendo en los próximos años.

Pero hay un elemento adicional detrás de este fenómeno, que representa otra gran oportunidad para México: el boom global de la inteligencia artificial y la construcción masiva de centros de datos en Estados Unidos. La expansión acelerada de la inteligencia artificial está detonando inversiones históricas en infraestructura tecnológica. Los centros de datos requieren enormes cantidades de insumos que México está en posibilidades -al menos una parte- de proveer.

México enfrenta enormes retos en infraestructura, energía, seguridad, Estado de derecho y capital humano. Pero lo que es claro es que, a pesar de sus desafíos estructurales, el país tiene frente a sí una ventana de oportunidad, probablemente irrepetible. La gran pregunta es si sabremos aprovecharla.

Porque más allá del boom coyuntural, el verdadero desafío consiste en transformar este momento en algo estructural: producir bienes cada vez más sofisticados y elevar el valor agregado de nuestras exportaciones.

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