El estancamiento económico de México no es temporal. No es coyuntural. No es un simple bache en el camino. Lo que estamos observando es algo mucho más profundo: la trayectoria de crecimiento económico del país se ha deteriorado. Hoy, nuestras expectativas de crecimiento de corto, mediano y largo plazo son inferiores a las que teníamos hace apenas algunos meses.
Y eso tiene consecuencias recaudatorias inevitables. Menor crecimiento económico significa menor recaudación. Es así de simple. La recaudación tributaria está íntimamente ligada al desempeño de la economía. Cuando las familias consumen menos, cuando las empresas invierten menos, cuando se generan menos utilidades y menos empleos, el gobierno recauda menos.
Y menor recaudación significa, inevitablemente, menores recursos para estados y municipios. Entre enero y abril de este año, el gobierno federal ha transferido a estados y municipios 8 mil millones de pesos menos respecto de lo calendarizado. La razón es clara: la recaudación no está alcanzando las metas previstas y, en consecuencia, hay menos recursos para repartir.
Las señales comenzaron a aparecer desde febrero. En ese mes, siete entidades federativas ya mostraban haber recibido menos recursos que los calendarizados, destacando el caso de Campeche, que recibió 32% menos de lo originalmente previsto. Al mes siguiente ya los 32 estados recibieron menos recursos a lo esperado. La misma situación ocurrió en abril, confirmando la gravedad del problema.
Lo anterior es muy serio porque los gobiernos estatales presentan una enorme dependencia de los recursos federalizados. En promedio, 82.1% de los ingresos totales de las entidades federativas proviene de transferencias federales.
La presión sobre las finanzas públicas estatales comienza a ser evidente, y el panorama no luce halagador.
El Fondo de Estabilización de los Ingresos de las Entidades Federativas (FEIEF), que históricamente ha funcionado como colchón para compensar caídas temporales en participaciones, prácticamente está exhausto.
Durante años, el gobierno federal tuvo una herramienta adicional: la potenciación del FEIEF, es decir, monetizar ingresos futuros del fondo para adelantar recursos a los estados en situaciones de emergencia o de carácter coyuntural.
El problema ahora es que esta caída en los ingresos del gobierno federal ya no parece coyuntural. Todo apunta a que estamos frente a un deterioro estructural.
Sí, técnicamente todavía podría potenciarse el FEIEF, pero hacerlo tendría un costo financiero y presupuestal considerable para el propio gobierno federal.
Por eso, los estados y municipios enfrentarán decisiones inevitables. Tendrán que aumentar su recaudación propia. Es decir, subir impuestos locales y ajustar el gasto de manera severa. Muchos estados y municipios recurrirán a créditos de corto plazo simplemente para sobrevivir esta reducción en los recursos federalizados.
Nada de esto ocurre en el vacío. La erosión del Estado de derecho está ahuyentando la inversión, desacelerando el crecimiento económico, reduciendo la recaudación, y esto ya se siente en las tesorerías estatales y municipales.
Como diría Timbiriche… "y la fiesta comenzó”.
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