Me intriga sobremanera la negación de Claudia Sheinbaum a reconocer la vinculación de Rocha Moya con el crimen organizado. No es arriesgado suponer que ese rechazo a reconocer la realidad es extensible a las relaciones de muchos miembros destacados de Morena –tanto en funciones públicas como en tareas partidistas— y que el problema no es exclusivo de la presidenta. La negación es cantada a coro –como en las obras de la antigua Grecia— por casi todos los integrantes y simpatizantes de la 4T: ¡Pruebas, pruebas, pruebas! ¡Violación a la soberanía, violación a la soberanía!
Es un espectáculo terrible porque no se trata de una puesta en escena de una tragedia griega, sino de una farsa política real que pone en jaque el futuro del país, ya sea porque alienta y legitima el proceso de construcción de gobernanzas criminales en estados y municipios o por las represalias que puede recetarnos el inquilino de la Casa Blanca que van desde intervenciones militares hasta aranceles que destruyen industrias y empleos al por mayor.
No hay una sola explicación a la negación de la realidad que han utilizado muchos gobernantes. Las respuestas de los expertos -desde filósofos, politólogos y psicólogos sociales hasta psiquiatras- van desde cierta racionalidad hasta la locura, pasando por diversas patologías. Repasemos y escoja usted.
- Razones con cierta racionalidad política: ganar tiempo para maniobrar internamente y dar una mejor respuesta y/o como control de daños, ya que se prefiere aceptar la presión externa de EU antes que perder estabilidad política interna por el terremoto político que supondría aceptar la corrupción de Morena.
- La disonancia cognitiva institucional surge cuando la realidad choca con el relato oficial del gobierno, como autodefinirse como transformador, pero enfrentar crisis graves; esto genera tensión que se resuelve negando hechos para preservar la legitimidad. Sheinbaum ha dedicado tanto esfuerzo en tratar de superar la crisis de seguridad de AMLO que le es insoportable reconocer que ha fracasado en lo más relevante: la complicidad masiva de su antecesor y de su partido en la protección del crimen organizado.
- Aislamiento del poder. Es un tema central en la psicología del liderazgo ya que el poder prolongado genera pérdida de retroalimentación honesta, información filtrada, sometimiento y miedo de los subordinados y culto a la personalidad. Los colaboradores aprenden que decir la verdad tiene un costo elevado, confirmar la narrativa oficial tiene recompensa. Así se forma una “burbuja cognitiva” que no tiene nada que ver con la realidad.
- El narcisismo político. Cuando el gobernante no puede vivir sin la admiración constante porque se cree la encarnación del pueblo y la historia, siente que tiene una misión histórica (se piensa como un mesías) es un narciso irredento. Cuando la realidad lo contradice simplemente la niega; las críticas son percibidas como ataques personales, instituciones y opositores son descalificados y eliminados. Todo se trata de conspiraciones en su contra. No solo es un problema moral, el narcisismo deteriora la capacidad cognitiva para corregir decisiones.
Hay más explicaciones –Freud asegura que la negación enfática es una afirmación reprimida ya que en el inconsciente no existe la negación—, pero las apuntadas aportan ya suficientes elementos para vislumbrar el problema político y patológico de la 4T y sus gobiernos.
Además, la historia reciente muestra que los gobernantes más tercos en la negación son los autoritarios y que suelen ser los que además conducen hacia las más rudas consecuencias y aun barbaries: Stalin se negó a reconocer la invasión alemana y la consecuencia fueron millones de rusos muertos ante los escasos preparativos de su ejército; Mao nunca reconoció el fracaso de sus políticas agrarias, lo que generó millones de muertos por hambrunas; Hitler negó sistemáticamente la inminencia de la derrota. Fidel Castro y sucesores niegan el brutal fracaso de la revolución y las consecuencias las tenemos a la vista
¿Hasta dónde llevarán AMLO, Sheinbaum y seguidores la negación y qué barbarie nos harán vivir a cambio?
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