"Las embarazaron, endeudaron y las abandonaron", la llegada y eventual partida de trabajadores y militares provoca también aumento de violaciones, desapariciones y trata de personas en las poblaciones impactadas por las obras del tren en la selva maya, datos que se reflejan en las estadísticas de 2024-2025, denunció Yunitzilim Rodríguez Pedraza, integrante del Cuerpo Académico de Estudios Multidisciplinarios en Derechos Humanos y Seguridad Pública de la Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo.
“Cientos de mujeres fueron abandonadas, endeudadas y embarazadas, sin que exista actualmente un mecanismo efectivo para que puedan reclamar una pensión alimenticia para sus hijos”. Esta situación, afirmó, refleja una grave omisión en la protección de los derechos humanos, particularmente de mujeres y niñas.
Yo escuche con atención las palabras de Yunitzilim en el Seminario Internacional Impactos del Megaproyecto en derechos Humanos, Economía, Territorios, Medio Ambiente, realizado en la Universidad Autónoma de Quintana Roo; había escuchado este tipo de denuncias ya en el “Tribunal Internacional de los derechos de la Naturaleza” por diferentes representantes de comunidades de la península; había escuchado, en el evento Mujeres y Tren Maya: una mirada crítica sobre las implicaciones de los megaproyectos advertencias y testimonios estremecedores. Y mi reacción era similar a la que tuve cuando Mina alguna vez me comentó del incremento de estos sucesos, impotencia, repulsión y vergüenza ajena, vergüenza de la cobardía de estos hombres, y vergüenza de que a pesar de sentir empatía por lo que atravesaban estas mujeres sabía que no tenía forma real de entender lo que sentían.
Pero cuando escuche a Yunitzilim mi silencio fue visceral, seguramente mi empatía nunca será suficiente para comprender lo que ellas expresaban, pero sí para sentir la ultrajante injusticia de lo que ellas, en sus denuncias y advertencias, habían querido evitar, otro atropello más de este megaproyecto ecocida, etnocida y… ¿Cómo llamarle a una obra que además provoco en la población femenina lo que ellas alzando la voz habían querido detener se repitiera? ¿Cómo no fueron suficientes tantas voces con tantas advertencias? ¿Cómo las reconocidas voces de académicos, las ancestrales voces de las comunidades, la voz de la ciudadanía urgida de una inversión en el sureste que beneficiara a el pueblo y no al mismo puñado de especuladores?
¿Cómo se impuso la voz de un grupo de hoteleros sobre la ciencia? ¿Un esbirro sobre la riqueza cultural en la selva de la península de Yucatán? ¿Cómo se impuso la demagogia sobre la ley?
La respuesta la obtengo cada vez que leo los comentarios de noticias en redes que citan los daños de este tipo de obras donde, por ejemplo, en un artículo que narra lo compartido por Yunitzilim, muchos comentarios se burlan de lo denunciado, incapaces de comprender los daños sociales que deja detrás el tren impunemente; se mofan del abandono, de los niños sin padres responsables, adjudicando la culpa a la calentura de las ahora sus madres; los emojis de carcajadas ilustran su coeficiente emocional y sus palabras diciendo que son inventos de la oposición, evidencian su coeficiente intelectual.
Pobres de sus madres y parejas, si las tienen, y pobres de sus hijas que algún día tendrán que aceptar que sus padres sienten más devoción por una figura política que respeto por la humanidad y empatía por mujeres como ellas. A esa enajenación nos enfrentamos cuando denunciamos los daños del pseudoproyecto impuesto por la demagogia, ya sean árboles cortados, vestigios arqueológicos arrasados, agua contaminada, expropiaciones, usurpadores y tragedias financieras y técnicas. Las denuncias no son suposiciones, ataques políticos o palabras vacuas, las respaldan datos, hechos. Ahí están las consecuencias.
Se les ha invitado una y otra vez, con desesperación, a que vengan a verlo. Aunque la realidad expone que les traicionaron, que el tren que siguen promocionando a colores carísimos, con slogans de justicia social y atracción turística, no existe, que es un fraude, prefieren seguir hablando de bardas y repitiendo consignas. Los que imponen la devastación lo hacen para seguir loteando la selva y los que aplauden y lamen suelas para… no se para qué, la única explicación que encuentro a esta devoción ciega es porque tener ámpulas en la lengua de alguna forma no les permite ver.
Lo siento, mis palabras provienen del enojo y frustración ante la situación y solo sirven para eso. Debemos elevarnos sobre el inútil intercambio de ofensas, nuestras protestas buscan justicia y soluciones, se acompañan de propuestas para el bien de todos. Así como durante 70 años la población mexicana fue víctima de fraudes, hoy aquellos que se ríen de mujeres a las que engañaron y utilizaron, son también víctimas de embustes, y burlarse de ellos, insultarles no ayuda a nadie más que a los embusteros. La empatía ha de expandirse para generar comunicación y unión, solo así podremos defender nuestro hogar de quienes quieren lucrar violentándolo.
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