Culiacán, Sin.- El 70 por ciento de los ciudadanos de Culiacán comparte el punto de vista de que los sinaloenses ya no deberíamos regresar al pasado sino que debemos buscar una paz verdadera. Hay un rotundo rechazo a volver a la pax narca, de acuerdo con los resultados de la encuesta de la consultora Lexia.
Dejar de ser una sociedad narca es un deseo compartido.
Sin embargo, no existen ni la articulación social ni el proyecto claramente definido necesarios para hacer realidad tal propósito. No existe el agente de cambio.
El 66 por ciento está de acuerdo en que está rota la confianza en los demás, “ya no confiamos ni en los vecinos, nos hemos vuelto sospechosos”.
El 64 por ciento considera que está dañada la unión, la sociedad se fracturó, “estamos divididos y cada quien jala por su lado”.
El 62 por ciento no tiene confianza en los medios de comunicación; 58% no confía en los sacerdotes, y 51%, tampoco en los grandes empresarios. Solo tienen un ligero balance positivo los pequeños empresarios, 54% a favor y 45% en contra.
Solo 13 por ciento considera que hay un líder que pueda unir a la sociedad para exigir paz. Solo 7 por ciento puede mencionar un nombre. Quien recibió más menciones, 4 por ciento, fue el obispo. Mientras que el gobernador fue valorado como ese líder, por solo 0.52, medio punto porcentual, y los partidos por 0.13, trece décimas de punto porcentual.
Solo 21 por ciento está seguro de participar si se le convoca a un movimiento ciudadano; 32% contesta que “tal vez”; 26% dice que no participaría porque tiene miedo, y 18%, que no porque cree que eso no sirve para nada.
La principal tarea para dejar de ser una sociedad narca es construir el agente del cambio, el movimiento social que una a los miembros de la sociedad; defina con precisión los objetivos, las metas y las prioridades, esclarezca la estrategia, asigne tareas y motive para emprender la larga marcha.
La tarea es construir el sujeto transformador.
Hoy la mayoría somos un archipiélago de sujetos aislados que no solo no cooperan entre ellos sino que se confrontan por minucias de la vida cotidiana, que ven al otro como un posible adversario, que no creemos en las acciones colectivas y nos escudamos en el individualismo como forma de evadir nuestra responsabilidad en el cambio de la sociedad.
La causa no es genética, es la falta de organizaciones y espacios de vinculación.
No podemos comprendernos de manera aislada: los otros forman parte de nosotros.
La tarea es construir espacios, organizaciones y experiencias de vinculación ciudadana. Desencadenar acciones colectivas donde se converse, se genere una gran deliberación pública, una escucha recíproca, de discusión y de conversación común para encontrar soluciones a nuestro problema común: ser una sociedad narca.
La tarea es llevar a cabo acciones y exigencias colectivas que nos hagan a todos protagonistas de la misión común de construir un Culiacán pacífico y próspero.
La herramienta del cambio será desarrollar la cultura del encuentro con los otros. Eso tiene expresiones muy concretas: que el que levante la voz no esté solo, que reciba desde un like hasta una propuesta. Promover todas las formas que se nos ocurran de caminar juntos en busca del resultado.
No hay líder si no hay movimiento. Los ciudadanos no están esperando una persona sino un programa claro apoyado por una evidente mayoría social donde hagan punta personas sin vínculo con el narco, honestas y exigentes.
A pasar del yo al nosotros.
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