Semana 15 de La Aurora. Manuel Camacho, para definir la intensidad de la política la resumía en el factor del tiempo: días largos en meses cortos.
Le tocaron experiencias límite: un terremoto y una rebelión armada.
Se quejaba, ya al final de su vida, de la arrogancia de los tecnócratas, de su incapacidad de palpar esos cambios que se gestan bajo tierra.
Advertía, al final de 2012, que les había faltado tiempo en la campaña del PRD, que López Obrador pudo ganar esa contienda, porque persuadió a sectores que le dieron la espalda en 2006.
Pero ya es 2026. Pasó el gobierno de López Obrador y ahora, como casi siempre, la agenda es electoral de nueva cuenta.
En Morena están midiendo los humores sociales y las posibilidades del voto. Saben que no será fácil 2027, porque los siete años que llevan en el poder ya cuestan.
Además, el intento de aprobar una reforma electoral que afectaba inclusive a sus aliados dejó heridas y agravios que se pueden ocultar, pero están ahí y van a influir en los próximos meses.
Por eso los cambios en Morena, la salida de Luisa María Alcalde, desgastada por negociaciones fallidas y la llegada de Citlalli Hernández, que ya de suyo anunciaba movimiento importantes.
Vendrá el cambio en la presidencia de ese partido y todo indica que será para Ariadna Montiel, la secretaria de Bienestar, la operadora, por demás eficaz de los programas sociales, joya de la corona de la 4T.
Pero ¿su encarte es descarte? ¿Le dan el partido para que no aspire a otra cosa, o es por el contrario?
Lo sabremos pronto, de consumarse su llegada a Morena, se moverá el tablero, porque también estará bajo los reflectores quien la sustituya en Bienestar.
Morena se prepara para una contienda de medio término en la que se juega la mayoría en la Cámara de Diputados. La puede perder, en efecto, aunque poco cambiará porque no hay disputa por el Senado. Todos saben, sin embargo, que ya el horizonte es 2030, una disputa definitoria y por diversos motivos.
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