Ariadna Montiel ha consolidado un amplio poder desde la Secretaría del Bienestar. Su operación política, manejo de programas sociales y conflictos internos en Morena revelan tensiones por el control territorial rumbo a futuras elecciones.
Ariadna Montiel ha consolidado un amplio poder desde la Secretaría del Bienestar. Su operación política, manejo de programas sociales y conflictos internos en Morena revelan tensiones por el control territorial rumbo a futuras elecciones.

Las democracias no mueren de causas naturales, siempre hay alguien que, apoyado por un grupo de gente que hace todo lo posible por cumplir los sueños de su líder, las empuja al abismo. Las trincheras desde donde se desgasta el que fue descrito por Winston Churchill como “el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han probado", son diversas y muchas veces engañosas.
Así nació, producto de ese doblepensar que se ha instalado en la autodenominada Cuarta Transformación, la Secretaría del Bienestar, desde la que su titular, Ariadna Montiel Reyes, se ha preocupado más por el control político de México que por el desarrollo social de los mexicanos.
Montiel Reyes llegó a la secretaría en 2018, cuando el expresidente López Obrador la nombró primero subsecretaria de Bienestar, para cuatro años después, en 2022, hacerla titular de la Secretaría desde la que coordinó todos los programas que forman la base electoral de la autodenominada Cuarta Transformación, las pensiones universales, Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro.
El encargo de la secretaria, la "responsabilidad más sentida" como la describió el exmandatario al nombrarla titular, no es cosa menor. Después de todo, entre 2022 y 2026, el gobierno morenista le ha destinado dos billones 512 mil 274 millones de pesos al rubro Bienestar, algo que Montiel Reyes ha sabido manejar para cumplir, antes que nada, con los deseos de su líder.
La prueba más clara del uso político de la dependencia de esta lealtad ciega no llegó desde la oposición (esa sí que hubiera sido nota), sino que salió desde Morena, cuando, disfrazado de corcholata, el ahora secretario de Economía y entonces aspirante a la candidatura presidencial, Marcelo Ebrard, reclamó que los servidores de la nación hicieron todo lo que estuvo en su poder para imponer a la actual presidenta, Claudia Sheinbaum, como la abanderada guinda.
En un detallado informe que Ebrard Casaubon presentó ante la Comisión de Honestidad y Justicia (CNHJ) de Morena, el exaspirante a candidato incluyó testimonios sobre la intervención por parte de funcionarios de la Secretaría del Bienestar que ofrecían apoyos durante el levantamiento de la encuesta, e invitaban a “votar por Claudia”. Sobra decir que el partido no encontró nada extraño y nunca existió una investigación formal sobre este uso de recursos públicos en materia electoral.
Tampoco es extraño que a Montiel Reyes no le importara que su ascenso político se vio impulsado por el propio Ebrard Casaubon, quien la hizo titular de la la Red de Transporte de Pasajeros (RTP) del entonces Distrito Federal cuando él era jefe de Gobierno de la capital. Otra vez esa vieja máxima que dice que en política no hay amigos y que las traiciones están a la orden del día.
Es justo decir también que en sus inicios la actual secretaria del Bienestar, quien suena como la próxima presidenta de Morena y para relevar a Luisa María Alcalde una vez que se vaya a la consejería jurídica de la presidencia, estuvo mucho más cerca de René Bejarano Martínez, en otras épocas recordado como “el señor de las ligas” que se reunía con empresarios para recibir grandes cantidades dinero y quien lideró la corriente Izquierda Democrática Nacional dentro del Partido de la Revolución Democrática (PRD), mismo que fue la puerta de entrada de Montiel Reyes a la política nacional.
Como otros hijos del Consejo General de Huelga (CGH), Montiel Reyes dio el paso para militar en el Partido del Sol Azteca a principios de los años 2000, pero con una diferencia clara, la que en algún momento fue alumna de la Facultad de Arquitectura decidió dejar trunca la carrera para meterse de lleno en en lo que claramente le gusta, la grilla, la operación y la lucha por el poder.
Fue así que llegó a hacer carrera dentro del PRD, desde donde saltó al gabinete del entonces jefe de Gobierno, Ebrard Casaubon, lo que le sirvió de escalera para ser diputada local en la Asamblea Legislativa del entonces DF y más tarde diputada federal en el primer grupo parlamentario de Morena.
Su lealtad al movimiento y al líder que lo encabeza la llevaron a su cargo actual, desde donde es reconocida como una de las principales operadoras del obradorismo. No importa su parquedad en los eventos públicos, es más, guarda un perfil discreto, lo que contrasta fuertemente con su enorme poder territorial y presupuestal, lo que le ha servido para mantenerse cerca de la estructura electoral y social que sostiene a Morena en el poder.
Este mismo entendimiento del manejo electoral guinda, muy probablemente el apoyo para colocar a la corcholata como presidenta y el haber sido incluida en la herencia de exfuncionarios que se mantuvieron en un cargo a pesar del aparente cambio de gobierno, llevaron a Montiel Reyes a ser ratificada en el cargo en 2024, desde donde impulsó los programas prioritarios ahora de Sheinbaum, que fueron la constitucionalización de pensiones y el programa Salud Casa por Casa.
Entre sus aliados se dice que es una funcionaria disciplinada, técnica y extremadamente eficaz al momento de cumplir con sus deberes (los que sea que estos sean). Sus detractores, por el contrario, la consideran como una mujer dura, hermética y excesivamente concentrada en el control político, (algo que también parece ser un requisito para mantenerse en la cúpula morenista). Al ver estos atributos, hay quienes consideran que esa experiencia la vuelve especialmente valiosa para Morena rumbo a las elecciones intermedias de 2027, con las que el partido oficialista buscará aumentar el ya excesivo control que tiene.
Lo que no se comenta tan a menudo, pero se hace evidente al ver la manera en la que ha acumulado poder la han llevado a cometer actos de desprecio, maltrato y falta de comunicación con sus propios correligionarios guindas, algo que no se pudo mantener debajo de la mesa por mucho tiempo y estalló en abril de 2025, cuando en la plenaria de los diputados de Morena un grupo de 80 legisladores oficialistas exigieron la renuncia de Montiel por actitud "déspota", "prepotente y grosera".
Si bien la reunión fue a puerta cerrada, ese tipo de reproches tienden a encontrar fisuras en los cónclaves más herméticos y logran colocar sus mensajes en la prensa, y más cuando el 32 por ciento de la bancada se siente agredida, ninguneada y traicionada por la encargada (de forma extraoficial) de mantener cautiva a la población a través de los programas sociales.
En su momento se reportó que legisladores del sureste del país acusaron a Montiel Reyes de presuntos casos de corrupción, ya que los superdelegados que ella controla los obligaban a "temas ilegales" como moches, además los legisladores se habrían quejado de que no se les permitió intervenir en la entrega de programas sociales.
En su momento, Ricardo Monreal, líder de la bancada de Morena en San Lázaro, reconoció este conflicto, aunque intentó acotarlo al afirmar que era todo un tema de comunicación. “Se expresaron algún tipo de comentarios de desacuerdos con la secretaría Montiel de parte de algunos diputados y diputadas que han solicitado información y a veces no se les proporciona oportunamente”, aseguró el experimentado diputado.
Además, se comprometió a mediar entre ambos bandos y ofreció diálogo con Montiel Reyes, esto con la esperanza de que el conflicto no llegara a la presidenta, algo que inevitablemente sucedió, y fue cuando Sheinbaum la respaldó públicamente como "mujer extraordinaria" y advirtió contra corrupción en programas, sin removerla. Como era de esperarse, igual que con los reclamos de Ebrard Casaubon, la queja no pasó a mayores, ni se abrió una investigación al respecto ni se encontró algo extraño en el manejo de la secretaría del Bienestar.
Es con ese bagaje que Montiel Ávila llegaría a dirigir a los morenistas, esos mismos que se sienten agraviados por por los malos tratos de la secretaria que conoce bien el manejo electoral, que no tiene miedo en aplicar el poder y, de paso, terminar de darle la puntilla al sistema democrático del que queda cada vez menos en nuestro país.
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