Hay días en que nada sale mal. No llega ningún mensaje urgente, el cuerpo no cobra factura, la quincena alcanza para lo planeado. Y en lugar de disfrutarlo, lo primero que haces es revisar qué se te está pasando. La sospecha, a esta altura, llega antes que el alivio. A ver: antes el éxito se medía diferente. Había metas, proyectos, conversaciones sobre lo que ibas a construir. La ambición tenía nombre y tenía fecha. Hoy la métrica cambió sin que …
