El viernes pasado, Washington y Ottawa dieron por terminada su negociación comercial. Horas después, Estados Unidos impuso aranceles de 50% a productos canadienses por un valor cercano a 20 mil millones de dólares. Ottawa respondió de inmediato, anunciando gravámenes equivalentes a partir del 8 de septiembre. Este lunes, Trump amenazó con duplicar la tasa arancelaria al sector automotriz canadiense.
La región que durante tres décadas construyó una integración comercial inédita empezó la semana con una disputa abierta.
Hasta hace no mucho, uno de los escenarios para el futuro del T-MEC era la posibilidad de que se disolviera en dos tratados bilaterales paralelos, uno con México y otro con Canadá, cada uno negociado por separado. Una situación incómoda, alejada del ideal, pero manejable. Una región con reglas distintas, pero con reglas al fin.
Sin embargo, lo que ocurre ahora es peor. Canadá y EU escalan aranceles sin que exista siquiera una mesa de negociación entre sus gobiernos, mientras la retórica se endurece en ambos lados.
México, en cambio, sigue avanzando en su propia revisión con Washington. ¿Cómo hacerlo con sus dos socios confrontados entre sí?
Nuestro país nada gana con la ruptura ajena, por más acuerdos que logremos construir por cuenta propia. Canadá es nuestro tercer socio comercial, segundo destino de exportaciones (Banxico, 2025) y uno de los cinco principales países de origen de inversiones. Esa relación, históricamente dinámica, se ha construido gracias a las reglas comunes y el acceso preferencial asegurado por el TLCAN y su sucesor.
Un acuerdo comercial reducido al simple cumplimiento de compromisos bilaterales con Washington no sólo le resta peso a México frente a la economía más grande del mundo, también pone en riesgo una asociación estratégica propia que no tendría por qué depender de las decisiones estadounidenses.
Así, sostener el trilateralismo no es pura nostalgia integracionista: es defender una ventaja competitiva estratégica que conviene a los intereses de nuestro país.
¿Y si finalmente no sobrevive?
Seamos realistas: el momento exige firmeza en el compromiso trilateral mientras, en paralelo, se construyen las condiciones para un escenario en el que esas reglas dejen de existir: certidumbre jurídica, diversificación de mercados; y, en este caso, profundizar la relación con Canadá sin intermediarios.
México no puede anticipar las decisiones de Washington. Nuestra premisa debe ser que no hay nada garantizado. Y, precisamente por eso, debemos estar listos para defender nuestro lugar en la región, pase lo que pase entre nuestros socios.
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