Es más que entendible que el Estado tenga la posibilidad de hacer valer sus determinaciones con el uso de la fuerza. De hecho, es precisamente una de las razones que le da existencia. El monopolio de la fuerza.
Ese concepto no es necesariamente un tema de armas o aprisionamiento. Existen otras acciones de gobierno que tienen que ver con el monopolio de la fuerza. La multa, la clausura, el bloqueo financiero, el procedimiento de ejecución fiscal, entre otros.
Sin embargo, esa potestad que tiene el gobierno en su actuar debe ser siempre acompañada de un ejercicio de responsabilidad de los funcionarios públicos pues, de lo contrario, la actividad gubernamental se traduce en actos impunes de poder que, en lugar de servir a la sociedad, buscan dominarla.
Esa asimetría social es más visible en la actualidad. Si usted deja de presentar una declaración fiscal, lo multan ipso facto de forma electrónica. Si su negocio no tiene un extinguidor o le falta la rampa para la silla de ruedas, lo clausuran de forma definitiva. Lo mismo sucedería si se comete un crimen violento dentro de su restaurante u hotel.
Si su coche no fue verificado o tiene algún desperfecto, se lo llevan al corralón; si no paga la luz o el agua, pierde el servicio; si desea besar a su pareja en un parque, puede ser detenido por faltas a la moral, y si por algún motivo busca exigir el cumplimiento de sus derechos, también lo remiten al Ministerio Público por ataques a la autoridad.
Pero ¿qué hacen cuando las calles están intransitables por la infinidad de hoyos que presentan? ¿A quién clausuran cuando la iluminación pública es inexistente? ¿Dónde está la multa cuando se incendia un área de Pemex? ¿Quién responde cuando en vacaciones saquean la casa? O Cuando los vehículos son absorbidos por las lagunas y ríos en que se convierten las calles por drenajes tapados. O cuando invaden y lo despojan de su propiedad.
Nadie se hace responsable y, peor aún, no hacemos responsable a nadie. Ni ellos son gobierno ni nosotros somos ciudadanos. Ellos son déspotas y nosotros parecemos súbditos.
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