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Qué difícil la tienen las personas jóvenes

El 15 de mayo de 2026, el presidente de la Corte Suprema de la India comparó en una audiencia con "parásitos" y "cucarachas" a los jóvenes que protestaban por las filtraciones de los exámenes de admisión universitaria. Al día siguiente, un egresado de periodismo abrió una cuenta satírica —Cockroach Janta Party— preguntando qué pasaría si todas las cucarachas se unieran: llegó a tres millones de seguidores en 78 horas. Convirtieron el insulto en bandera y en julio renunció el ministro de Educación.

En México los jóvenes también han protestado. Estudiantes de Derecho de universidades públicas y privadas marcharon contra la reforma al Poder Judicial. Comprendieron que debilitar la carrera judicial y la independencia de los jueces perjudicaba al país y también su futuro profesional como abogados que aspiran a ejercer dentro de un Estado democrático de derecho. En ambos casos el mensaje es el mismo: cuando un gobierno pone en riesgo su futuro, los jóvenes se organizan y se hacen escuchar. Hoy está en juego mucho más.

Las personas jóvenes enfrentan una competencia despiadada por una razón aritmética: son muchas más. En México hay 30.4 millones de entre 15 y 29 años, alrededor de dos millones por cada año de edad. Quienes nacieron entre 1948 y 1958 formaron cohortes de un millón y llegaron a la juventud en una economía que crecía por encima del 6% anual. En 2025 esa misma economía avanzó 0.8%, con un producto por persona similar al de 2017. El contraste es abismal: la mitad de competidores y siete veces más crecimiento.

La aritmética del empleo es igual de dura. En 2025 se crearon 278 mil 697 puestos afiliados al IMSS, el segundo registro más bajo desde 2003 si se excluyen los años de crisis, mientras cada año cerca de dos millones llegan a la edad de trabajar. La manufactura, que debía ser la puerta de entrada, perdió 127 mil plazas. Entre los ocupados de 15 a 29 años, 58.8% labora en la informalidad, y uno de cada cinco jóvenes ni estudia ni trabaja, el doble del promedio de la OCDE.

Se les pide competir sin entregarles una caja de herramientas suficiente. En PISA 2022, sólo 34% de los estudiantes de 15 años alcanzó el nivel mínimo en matemáticas; 53% en lectura y 49% en ciencias. Una beca alivia, pero no enseña. Una transferencia sostiene, pero no sustituye un empleo que permita independizarse y formar patrimonio.

A esa competencia local se suman dos frentes nuevos. El primero es una globalización más acotada, pero no menos exigente. Los aranceles y la revisión del T-MEC volvieron incierto el destino de la inversión. La inversión extranjera directa rompió récord, pero las nuevas inversiones representan apenas 7.2% del total: el resto es reinversión de utilidades, que no abre plantas ni contrata.

El segundo frente es la inteligencia artificial, y apunta a la puerta de entrada. En Estados Unidos, el empleo de los trabajadores de 22 a 25 años en ocupaciones muy expuestas a la IA está 19% por debajo de donde estaría si hubiera seguido el ritmo de sus pares en ocupaciones poco expuestas, y el ajuste ocurre por menor contratación, no por despidos. En México, las vacantes de nivel inicial pasaron de crecer 9% anual en 2021 a menos de 3% desde 2023. Ninguna de las dos cifras prueba causalidad, pero ambas apuntan al mismo lugar: se estrecha el primer empleo, el que enseña el oficio. Sin ese peldaño, la escalera queda rota.

La mayor injusticia, sin embargo, está en la asignación del gasto público. No me refiero a las pensiones contributivas: quienes las reciben cotizaron para ellas. Me refiero a las transferencias en efectivo, que pasaron de 216 mil millones de pesos en 2019 a 983 mil millones en 2026, de 0.9% a 2.5% del PIB. Hoy absorben 62 centavos de cada peso recaudado por IVA; en 2019 absorbían 23. También equivalen a una vez y media toda la inversión física del gobierno federal distinta de la energía. Más de la mitad de ese monto es la pensión no contributiva de adultos mayores, y no propongo retirarla; propongo preguntar por qué se expande a ese ritmo mientras la inversión se encoge. Repartir alivia, pero no construye la escuela ni la infraestructura de mañana. Endeudarse para construirlas puede ser justo; endeudarse para cubrir gasto corriente sólo traslada la cuenta. Jóvenes, escuchen: ¡la pagarán con más impuestos, peores servicios, menor inversión, o con las tres cosas a la vez!

Tampoco reciben los beneficios del petróleo. Desde 2019, Pemex acumula 1.88 billones de pesos en apoyos del gobierno federal, y sigue requiriendo más. Recursos de toda la sociedad sostienen a una empresa que no se financia sola, mientras la incertidumbre en permisos y suministro eléctrico inhibe los proyectos que crearían empleos.

A las personas jóvenes les toca informarse, organizarse, alzar la voz y manifestarse pacíficamente: nadie defenderá mejor su futuro que ellas mismas. Merecen educación que enseñe, Estado de derecho, finanzas públicas responsables, energía confiable, inversión y empleos formales. A los demás nos toca contribuir para heredarles un país con futuro promisorio. Hoy no se lo estamos entregando: les estamos pasando las cuentas.

Y eso no se vale.

Notas metodológicas

1. Sobre la serie de transferencias en efectivo. Las cifras de 2019 a 2026 están expresadas en pesos corrientes, no en pesos constantes. Se verificó dividiendo los montos entre su proporción del PIB: 983,337.6 mdp equivalentes a 2.5% implican un PIB de 39.3 billones, y 216,152.5 mdp al 0.9% implican 24.0 billones; ambos corresponden al PIB nominal de sus respectivos años. En consecuencia, la tasa media de crecimiento anual de 24.2% es nominal; descontando una inflación acumulada de alrededor de 40% en el periodo, el crecimiento real es de aproximadamente 18.3% anual. Las razones respecto al PIB, a los ingresos tributarios y a la recaudación del IVA no se ven afectadas por esta distinción y por eso son las que se citan en el artículo.

2. Sobre la composición de las transferencias. La Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores representa 526,508 mdp de los 983,337.6 mdp del total, es decir 54%. El artículo lo señala de forma explícita y no propone eliminarla: el argumento se dirige al ritmo de expansión del conjunto frente a la contracción de la inversión pública. Entre 2019 y 2026 esa pensión creció a una tasa media anual de 24.6% nominal, mientras la inversión física pasó de 4.5% del PIB en 2014 a 2.5% en 2026.

3. Sobre la cifra de 19% en el estudio de Stanford. Se trata de una brecha respecto de un contrafactual —dónde estaría el empleo de los jóvenes en ocupaciones expuestas si hubiera crecido al mismo ritmo que el de sus pares en ocupaciones poco expuestas—, no de una diferencia de niveles. Los autores advierten expresamente: "We caution that this work does not estimate a causal impact of AI: these are descriptive facts".

4. Sobre las vacantes de nivel inicial en México. El Imco señala que la desaceleración "no puede atribuirse directamente a la IA, pues también puede responder al entorno económico, cambios sectoriales y ajustes en la demanda laboral". El artículo recoge esa reserva de forma explícita.

5. Sobre la comparación de cohortes. Los censos miden sobrevivientes residentes en México, no nacimientos, de modo que la emigración adelgaza las cohortes nacidas después de 1960 en la medición. El censo de 1980 tuvo problemas de cobertura reconocidos. Las fechas censales no son homogéneas, lo que desplaza los grupos quinquenales algunos meses.

6. Sobre el gasto en inversión. Existen tres agregados que no deben confundirse: inversión pública total, estimada por el CIEP en 1.267 billones de pesos (3.2% del PIB) para 2026; inversión física presupuestaria, de 960,100 mdp (2.5% del PIB); e inversión física distinta de la energía, de 651,800 mdp, que resulta de restar Pemex y CFE. El artículo utiliza la tercera.

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