El poder es una de las mayores ambiciones del hombre, la cumbre de esta ambición es la de tener, simultáneamente, poder y gobierno; poder es poder poder.
A esta condición han llegado sólo un puñado de hombres. ¿Qué distingue a estos hombres de los gobernantes “comunes”? La comprensión del poder y el ejercicio del poder carismático.
El poder como carisma es la capacidad de que los demás deseen hacer lo que el líder desea que se haga. La primera y gran diferencia con los gobernantes democráticos es que estos mandan basados en la autoridad constitucional, mientras que el gobernante carismático manda por que el pueblo quiere obedecer los deseos del líder.
El líder crea un culto místico alrededor de sí mismo y es el depositario único de la redención de su pueblo. El líder tiene una necesidad básica de eliminar a aquellos que lo encumbraron para poder ejercer; el parricidio político.
Desde hace un siglo, México ha tenido tres líderes con estas características: Lázaro Cárdenas (elimina a Plutarco Elías Calles), Luis Echeverría (se deshace de Díaz Ordaz) y AMLO (borra al PRD y a cualquiera que pudiera estorbarle en su proyecto absolutista).
AMLO entendió mejor que nadie las debilidades del sistema político mexicano; la toma de Paseo de la Reforma durante 47 días le hizo entender que un pueblo derrotado no tiene lealtades.
Cuando en el PRI y el PAN dejaron de representar a la sociedad para transformarse en complacientes gerencias de gobierno, él ya estaba listo con un discurso sencillo, reivindicativo y altamente simbólico; Morena como la iglesia del movimiento místico político y la 4T como ejecutor de los deseos del pueblo.
La presidenta CSP no es una gobernante carismática, tiene mando, pero tiene poco poder, sigue empeñada en su rol de sacerdotisa del culto obradorista. En Palacio, CSP ejerce el gobierno, pero el poder está en Palenque, Chiapas.
El ritual de CSP sigue siendo, en apariencia, el mismo; la mañanera incontestable, el ataque a la derecha conservadora, defensora de indefendibles y lo más importante: la preservación del mito de AMLO. ¿Qué es diferente?: el ejercicio del poder.
CSP tiene un poder condicionado, no se ve cómoda, es terriblemente plana, incapaz de sorprender o entusiasmar. Sus principales logros -reducir al 50% los homicidios, lo que debería ser la losa de AMLO, y sostener la ficción de la estabilidad económica- no parecen alcanzarle para garantizar la continuidad de la 4T. Al menos en la versión que hoy conocemos.
Las dudas cabalgan sin control en Morena, en medio de escándalos y el descontrol político. En la Casa Blanca ven a CSP con “simpatía”; es dócil y no da mayores problemas. El problema está en Palenque y hacia allá dirige Washington sus ataques. El principal adversario de AMLO es Marco Rubio, a él sí le temen.
Septiembre y octubre serán muy complicados, ya lo dijo Christopher Landau, ¿ya tienen listas sus palomitas?
Pancho Graue
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