La SHCP presentó el paquete económico para 2027 y por primera vez en los ocho años de gobiernos de la 4T fue bien recibido como una propuesta realista, ya que las estimaciones de crecimiento y otros indicadores económicos están alineados con las datos y expectativas de los mercados y expertos nacionales y extranjeros. Fue un respiro político importante para el gobierno.
Sin embargo, ese respaldo temporal ganado es apenas una aspirina frente a un cáncer que continúa avanzando a paso veloz. El cáncer de la economía se llama enanismo (imposibilidad de crecer); con los gobiernos previos la economía era chaparra pues entre 2000 y 2025 apenas creció 2% en promedio cada año; los gobiernos de la 4T la hicieron enana: el crecimiento entre 2019 y 2026 ha sido de 1%, la mitad. Puede parecer menor el dato, pero al ritmo de los gobiernos neoliberales la riqueza del país se duplicaría en 40 años; al ritmo de la 4T tardaría 80 años.
A los problemas estructurales de la economía que la hicieron chaparra, la 4T les añadió otros que la han convertido en una enanita: la desconfianza empresarial por la pérdida de la certeza tanto en el estado de derecho (reforma del Poder Judicial, anulación del derecho de amparo, etc.) como en un gobierno autoritario que toma decisiones irracionales al por mayor (cancelar un aeropuerto en construcción, invertir en un tren inútil, subsidiar a Pemex con ¡dos billones de pesos! sin un plan decente de rescate). Pero hay otros factores que condenan a la economía al enanismo: la política educativa (retroceso histórico en la prueba PISA) y la caída de la inversión pública en infraestructura (en 2012 el gobierno destinó 2.8% del PIB en creación de infraestructura; en 2025, el gobierno de Sheinbaum solo le dedicó 1.2%).
Así, el respaldo al paquete económico no es porque contenga políticas que crearán condiciones para que la economía deje de ser enana; los analistas celebran que el gobierno fue realista y por fin reconoce que el crecimiento será pequeñito. ¡Qué gran logro!
Pero el otro gran problema del paquete económico es que el cáncer económico –la falta de crecimiento alimentado por el autoritarismo y las políticas irracionales—ya produjo metástasis en el gasto público. El enorme déficit fiscal (6% del PIB) y la duplicación de la deuda pública (de 10 a 20 billones de pesos) herencias de AMLO, tienen a las finanzas públicas en un callejón sin salida. Pero en este aspecto, el paquete sí mintió para tranquilizar a los mercados: dice que, al final de este año, el déficit será de 4.1% del PIB y que el próximo año se reducirá a 3.9% con lo cual se avanzará en la “consolidación fiscal”.
Con base en el análisis de cómo van el gasto y los ingresos de este año, GEA estimó que el déficit de este año será de 4.8% del PIB, no de 4.1% como dice Hacienda y que en 2027, apenas se reducirá a 4.6%.
Y es que el gasto está entrampado: cada vez tiene que destinar más dinero a pagar los intereses de la deuda, mientras que los ingresos (pese a los esfuerzos recaudatorios) no crecerán lo suficiente porque la economía está estancada.
Para dar una pequeña idea de lo que significa el pago de los intereses de la deuda gracias a lo que la 4T ha endeudado al país, en 2018 se destinaban 604 mil millones de pesos; el año próximo se van a gastar un billón 575 mil millones; esta cifra es 1.5 veces el dinero destinado a todos los programas sociales del gobierno (adultos mayores, becas, discapacitados, jóvenes), lo que significa que por cada peso que el gobierno de la 4T transfiere a los mexicanos, les paga a los que nos prestan un peso cincuenta centavos y el costo va en aumento.
El próximo año, el sector salud (IMSS, ISSSTE, SSa) van a invertir en hospitales y centros de salud, 70 mil millones de pesos el próximo año; 20 veces menos que el servicio de la deuda; el sector educativo invertirá en construcción y mantenimiento de escuelas y universidades, 30 mil millones de pesos; a los deudores les pagará 50 veces más en intereses; la inversión en carreteras y trenes del próximo año (200 mil millones) siete veces y media menos que los intereses de la deuda.
Por tanto, los presupuestos de los próximos años están condenados a reducir lo reducible, la inversión pública (consolidando el enanismo), y a seguir endeudando al país. Circulo vicioso prefecto. Hasta que reviente en 2027 o en 2028.
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