En el movimiento de rotación diario existe un momento en que una parte del planeta es abandonado por la oscuridad de la noche y las primeras señales del cambio poco a poco tiñen el Oriente. Aparecen como tenues y tímidos trazos rosados que apenas se insinúan en el horizonte. El sol aún no se asoma para hacer incontrovertible el amanecer y la blanca claridad que le precede, el alba, no ha desplegado con majestuosidad sus alas. A ese maravilloso puente …
