Una de las lecciones más importantes que nos dejaron estos 25 días de alegrías, esperanza y vértigo, es que tenemos motivos y necesidad de estar unidos.
Fue el futbol, los 26 que se pusieron la playera verde y un entrenador sabio, Javier Aguirre.
A ellos se sumaron, nos sumamos, millones de mexicanos en un respaldo honesto, agrio por momentos, pero decidido.
La mañana del domingo esto se podía atestiguar en familias enteras con la camiseta: la verde, la negra o la blanca.
En tiendas y restaurantes todos uniformados por voluntad propia, esa es la magia del futbol.
La política, aunque, como la humedad, intenta expandirse, no fructificó, porque no hay gobierno ni contraparte que pueda colgarse el mérito que corresponde a quienes juegan en las canchas, a los equipos directivos y a las empresas que los respaldan.
Se terminó el Mundial para la selección, pero no las perspectivas realistas sobre el futuro.
Todo indica que habrá continuidad con Rafael Márquez, que estaba vez no se practicará el rito canibalístico del borrón y cuenta nueva.
Y no hay ingenuidad, ni sobre la voracidad de la FIFA y sus modos extraños, ni sobre el avance del negocio hasta grados insólitos, como la pausa de hidratación que en realidad funciona para meter anuncios en la transmisión televisiva.
¿Cambia el ánimo social? Sí, sin duda los triunfos acompañan el optimismo y las derrotas añaden motivos para tristezas, pero eso no moldea ni el presente ni el futuro en otros aspectos de la vida pública.
Fue un taxista, en Buenos Aires, quien me lo explicó sin pretensiones, pero con rigor histórico: “En el 78 vivimos una situación extraña, mucha alegría por los muchachos que dieron todo en las canchas, pero también tristeza y miedo por lo que pasaba en las calles, porque no se podía hablar con libertad de ciertos temas”. Sí, vivían una dictadura militar y ganaron el Mundial aquel año.
Sí, toda una lección, antes y ahora. Ojalá encontremos otros motivos que sean antídoto contra el veneno que viene corroyendo el ambiente público.
Y sí, me sumo al festejo. ¡Gracias!, seguiremos soñando.
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