La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo señala que, en el segundo trimestre de 2026, 60 millones de personas estaban ocupadas, 599 mil más que en 2025. En ese periodo la ocupación informal aumentó a 33.1 millones de personas (55.1% del total).
La informalidad contempla actividades del propio sector informal, agropecuarias, empresas, gobierno, e instituciones, como en el trabajo doméstico remunerado. El sector informal como tal emplea a 18.1 millones de trabadores en “unidades económicas no agropecuarias que operan sin registros contables y que funcionan a partir de los recursos del hogar, o de la persona que encabeza la actividad sin que se constituya como empresa … no tiene una situación identificable e independiente de ese hogar o de la persona que la dirige y … tiende a concretarse en una escala de operación muy pequeña”.
A su vez, la población ocupada no agropecuaria se concentra en micronegocios (49 de cada 100); en la industria son los que ocupan de 1 a 15 trabajadores y en comercio y servicios los que emplean de 1 a 5 trabajadores. En pequeños establecimientos laboran 19 de cada 100 ocupados; son industrias que ocupan de 16 a 50 trabajadores, comercios que emplean de 6 a 15, y servicios, que tienen de 6 a 50 empleados. Así, el día de hoy, 68 de cada 100 ocupados laboran en micro y pequeños establecimientos.
Si bien puede haber micro y pequeñas empresas altamente productivas y creativas, por ejemplo desarrollando programas, software o nuevos materiales, la mayoría no cuenta con ese tipo de capacidades, lo cual se refleja en el nivel de remuneraciones, pues 47 de cada 100 ocupados ganan hasta un salario mínimo, mientras que otros 32, ganan más de uno y hasta dos salarios mínimos. Además, en pobreza laboral se registran 39 de cada 100 ocupados, aquellos cuyo ingreso laboral per cápita es insuficiente para adquirir la canasta alimentaria.
Como señaló la Cepal, la informalidad y actividades de baja productividad, y por lo tanto, bajos salarios, caracterizan no solo a la estructura económica, sino a la calidad y capacidades de la población ocupada. ¿Prevalece la “economía del trapiche”?.
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