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Felipe Calderón y los puentes “dinamitados”

El expresidente Felipe Calderón describió con puntualidad lo que está ocurriendo: Morena logró cruzar un puente para llegar al poder, de modo legítimo, y ahora lo está dinamitando para que nadie más lo pueda utilizar.

En efecto, sería absurdo escatimar méritos al triunfo electoral de 2018, pero tampoco es factible hacerse de la vista gorda respecto al deterioro institucional que inició, de modo deliberado, con la llegada de López Obrador a Palacio Nacional.

¿Qué cambió en estos años? El Poder Judicial fue capturado, incluido el TEPJF; el INE está lejos de su tradición de árbitro independiente; la mayoría legislativa que permite a la coalición gobernante cambiar la Constitución a capricho no se obtuvo en las urnas; el acceso a la información está ligado a la voluntad o al interés de la burocracia, luego de la desaparición del Inai; la impunidad de los políticos del régimen es tan notoria como la de Rubén Rocha Moya; el crimen organizado avanza en la agenda electoral, y así podríamos seguir.

Calderón participó en el Foro América Libre y se suscitaron las críticas de rigor: que es responsable de la violencia, que las agencias de seguridad de EU hacían lo que querían en México y que es “un ilegítimo” porque se robó la elección de 2006.

Nade de eso es cierto, es más, hay datos puntuales para desmontar cada una de las líneas que han alimentado la polarización y alejado, así, las posibilidades de acuerdos y de concordia en la esfera pública.

Como el tema de Calderón fue el riesgo que enfrenta la democracia, conviene insistir en que, hasta ahora, y luego de 20 años, nadie ha presentado una sola prueba, no analizada por la autoridad electoral, que abone al cuento del fraude.

Se entiende que desde la 4T vean a Calderón como un personaje antagónico a lo que pretenden, pero es ya un despropósito el mantenerse en una suerte de disco rayado.

La narrativa del despojo electoral es falsa, pero sí tiene la utilidad de sembrar discordia, y la impunidad anima a quienes, por ejemplo, se sienten respaldados lo suficiente para “decapitar” una estatua en Los Pinos, la que, por cierto, estaba abandonada por la ignorancia festiva de quienes no asumen sus responsabilidades en la protección de bienes del propio Estado.

Tiene razón Calderón: se están dinamitando puentes que se edificaron durante generaciones enteras y que serán difíciles de reparar.

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