Nunca nuestro país había sido tan agredido en el máximo foro internacional como ocurrió el martes en la Asamblea General de Naciones Unidas.
Sobre las palabras de Donald Trump en contra de México, vino el silencio de Claudia Sheinbaum que pidió atender la otra parte del discurso del presidente de Estados Unidos, en que habla bien de su gobierno.
A México le pueden decir que es una inmundicia, pero si hablan bien de ella no hay problema.
Ominoso, por decir lo menos.
Recuerdo una anécdota del presidente Felipe Calderón y Hugo Chávez en el receso de una reunión internacional, en que el venezolano, entre chistoso y zalamero, soltó un par de expresiones duras contra México.
“Hugo, con México no te metas, porque así no nos vamos a entender”, le dijo Calderón, palabras más o palabras menos.
No importa que haya buen trato personal -que siempre ayuda-, pero un presidente o una presidenta es, antes de cualquier cosa, presidente de México.
Sin duda Trump tenía razón en muchos de sus argumentos, pero las palabras y el tono empleados para referirse a México son inadmisibles.
Es falso que seamos un país de gente enemiga de la humanidad.
Mentira que México sea comparable con el Estado Islámico (ISIS).
Y si Trump lamenta compartir frontera con México, lo menos que amerita es una respuesta elegante, contundente y digna de quien preside un gran país.
Lo político es aparte, pero la dignidad nacional fue atropellada en la ONU y la presidenta Sheinbaum respondió con una “no respuesta” desde la mañanera, donde dijo que podía decir tal cosa, pero mejor no la iba a decir, aunque sí la dijo.
¿Qué es eso?
¿Así contesta una presidenta de México a la agresión -en el máximo foro mundial- contra el país que representa?
Nadie en su sano juicio pediría que rompa relaciones o que responda en el mismo tono, sino que debió salir en defensa del nombre de México, sin alardes ni desplantes.
Pero como Trump habla bien de ella, entonces pide a los medios de comunicación que no se fijen en los insultos, sino en lo que dijo de positivo sobre ella o su gobierno.
El daño a la imagen de México es inmenso, por el foro en que lo dijo Trump. Ya no es un asunto bilateral, sino que México es un problema global.
La actitud de la presidenta, que manda a contestar al secretario de Relaciones Exteriores tres días después, tal vez se deba a que Trump tuvo razón en mucho de lo que ahí dijo.
No en los insultos ni en el tono inaceptablemente despectivo, sino en el hecho de que México necesita recobrar el control de su territorio que está en manos de cárteles.
Lo que no dijo Trump es que si buena parte del país (no todo, como expresó) está en poder del crimen organizado es porque el gobierno anterior lo entregó, y el actual no puede actuar contra el monstruo porque si lo hace se le derrumba el partido.
En México se cometió el error de atar la gobernabilidad del país a pactos con grupos criminales que controlan, cogobiernan o chantajean al poder político porque Morena los hizo sus socios.
Y eso es lo que da licencia a Trump para zarandear a todo el país en la Asamblea General de la ONU, sin que la presidenta le ponga un alto como hizo Calderón con Hugo Chávez.
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