Guadalajara, Jal.- A un mes de gritar el primer gol, de que se apague la actividad laboral, la educativa y de que todos los ojos estén concentrados en la trayectoria de un balón, a la ciudad de Guadalajara ya no la gobiernan los ayuntamientos. Tampoco el estado. Ahora, la “ciudad más mexicana” está a cargo de la FIFA.
Será ese impoluto y cuasi divino ente el que se hará cargo de la logística de este evento de talla global. Los espacios públicos, estacionamientos y zonas estratégicas para el exclusivísimo FanFest tendrán acaso la presencia de agentes de seguridad pública, pero el don y el mando durante el Mundial se quedan a cargo de la tía FIFA.
Durante esos míticos 39 días, Guadalajara será una sucursal temporal de Zúrich… pero con tortas ahogadas, hadas del guayabo y avenidas inundadas. La FIFA le metió seso a los cronogramas, manuales, protocolos, renders y gente que parece saber exactamente dónde va cada cable, cada valla y cada patrocinador.
Por ello, si la eficiencia de la Federación de Futbol está tan probada que el estado debe hacerse a un lado por el bien del Mundial de los milagros, ¿para qué detenernos en fiesta, perreo y balonazos?
En una ciudad donde arreglar un bache implica que se hagan tres mesas de trabajo, dos ruedas de prensa y una asociación público-privada pagadera a 20 años, observar a la FIFA en acción será un espectáculo tan grande como el que promete un cara a cara entre Messi y Cristiano Ronaldo.
Imagina entonces las maravillas de un SIAPA a cargo de Gianni Infantino, donde el agua limpia venga con patrocinio. Ahora sí, hidratación oficial con la venia de Coca-Cola y Electrolit.
Ahora que, si llegan las típicas lluvias atípicas, las brigadas mundialistas tendrían el poder del supraestado no sólo para limpiar canales bajo supervisión del VAR, sino reparar canales en una jugada limpia, libre de tarjetas amarillas.
En seguridad tampoco hay tema. Si hay operativos enérgicos para evitar que un auto se acerque a kilómetro y medio del Estadio Guadalajara, la mascota oficial de la FIFA bien puede acabar con el robo de autos, combatir los asaltos y, ya entrados en gastos, acabar con la percepción de inseguridad. Que el jefe del gabinete de seguridad ponga sus barbas a remojar.
Ahora que la recolección de basura también tiene potencial mundialista. Si después de cada partido desaparecen toneladas de vasos, lonas y residuos en cuestión de horas, probablemente el secreto no está en la compra de miles de camiones, sino en ponerles su respectiva marca de McDonald's.
El sarcasmo de estas letras tiene costo. Y es un costo que pagarán las y los tapatíos que, por primera vez, estarán jugando en cancha local como visitantes. Porque en Guadalajara el Mundial de los milagros será tan caro y tan exclusivo que la ciudad terminará administrada para quienes pueden pagar un boleto que pareciera hecho con diamante, mientras el resto observará desde atrás de las vallas metálicas y los operativos especiales.
Ese es un beneficio que debería incomodar más de lo que entusiasma. Porque para recoger basura, tapar baches, evitar inundaciones, garantizar agua potable o brindar seguridad no era necesario esperar a la FIFA, ni a un comité internacional ni a un ejército de patrocinadores. Para eso, se supone, ya había gobiernos, presupuesto público y funcionarios electos.
Así que tal vez el verdadero milagro mundialista no sea la organización suiza ni los renders impecables. Tal vez el milagro consistía en descubrir que las autoridades sí podían actuar con rapidez, coordinación y disciplina… y sólo se necesitaba la visita de la FIFA para demostrarlo.
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