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¿Dónde quedaron los 50 años de agua para Jalisco?

Guadalajara, Jal.- Cuando un político se acerque con la mejor de sus sonrisas y te prometa algo, desconfía. Huye y cuéntaselo a quien más confianza le tengas. No importa si te habla de mayor seguridad, empleo bien remunerado, vivienda digna, acabar con la contaminación o, como el caso al que alude este texto, agua potable garantizada para las próximas décadas.

Porque en Jalisco esa historia ya la conocemos: inversiones millonarias, proyectos “estratégicos”, informes que presumen cifras de miles de millones de pesos y una narrativa que asegura que, ahora sí, les cae si no, el problema del agua ya va a quedar resuelto.

Sobre el papel, todo cuadra. En la realidad, no. La realidad huele raro, sale turbia, se pierde en fugas o simplemente no llega.

Este lunes 20 de abril, el gobernador Pablo Lemus anunció que presentará un proyecto hídrico que garantizará agua potable de calidad durante los próximos 30 años en Jalisco. La vieja confiable: el largo plazo como refugio. Otra promesa para huir y contar a quien más confianza le tengas.

“Pasado mañana, miércoles (hoy), estaremos presentando en la Ciudad de México (…) cómo garantizar el suministro de agua a la Zona Metropolitana de Guadalajara y a todo el estado de Jalisco, que pasa por el acueducto sustituto de Chapala y que pasa también por la ampliación de la planta potabilizadora número uno en Miravalle".

Ojo con la cita: el anuncio se hace en la Ciudad de México y el detalle no es menor, pues evidencia que el problema rebasa al estado y que las soluciones dependen, en buena medida, de recursos federales.

Y aquí hay de dos: o el exgobernador Enrique Alfaro mintió cuando aseguró que se había gastado más de 12 mil millones de pesos en garantizar agua para los próximos 50 años, o el mago en turno de Casa Jalisco habla de subir la apuesta a 80, casi un siglo, para que nadie se queje porque de su grifo sale agua chocolatosa.

Pero más allá de la geografía del anuncio, lo que inquieta es la lógica que se repite.

Los nombres cambian, los plazos se ajustan, los montos se actualizan y el libreto es el mismo: planes ambiciosos, horizontes de 30 o 50 años y una confianza casi religiosa en que ahora sí funcionará.

Pero la gente no vive en 2055 ni en 2075. Vive hoy. Y es hoy cuando abre la llave y no sabe qué va a salir del grifo. Por eso compra garrafones, instala filtros, paga pipas o ajusta su rutina en función de que haya, o no, lo que es un derecho universal.

En realidad, el problema no es que existan proyectos de largo plazo —porque sí son necesarios—, sino que se utilicen como sustituto de la urgencia o como un discurso que pospone lo inmediato.

Acá ya no faltan diagnósticos ni planes, lo que falta es que el agua deje de ser promesa y empiece a ser certeza. Se necesita que el recurso público deje de invertirse en mentiras (porque ese fue justo el gran proyecto de despedida de Alfaro) y que haya sanciones para quienes garantizaron que solucionarían una crisis que, en lo privado, dejaron crecer como si se tratara de un tradicional socavón en temporada de lluvias.

Dicho y visto lo anterior, ¿entonces dónde quedaron los 50 años de agua para Jalisco?

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