No sé cuánto tiempo nos lleve recuperar la democracia. Las dictaduras aspiran a gobernar para siempre. Por eso excluyen discursivamente del pueblo a quienes no son sus feligreses, fustigan a los críticos, abominan de la prensa libre, encarcelan adversarios políticos, eliminan los contrapesos, y capturan al poder judicial y a los organismos electorales. Para los dictadores todo se vale para que su partido o su secta conserve el poder.
Toda dictadura tiene adeptos, unos por convicción, otros por oportunismo abyecto, otros más por temor, pero lo cierto es que todos los dictadores han tenido aplaudidores, legiones de mujeres y hombres que les levantan altares simbólicos. Entre nosotros, los legisladores oficialistas le llamaron al entonces presidente Andrés Manuel López Obrador encarnación de la patria, la nación y el pueblo. Una devoción religiosa.
La medida que terminó con la democracia en México fue la reforma judicial: la demolición de los poderes judiciales de todo el país para sustituir a la totalidad de los juzgadores por jueces, magistrados y ministros dóciles e ignaros en materia jurídica, echando al cesto de la basura años de formación jurídica, de experiencia, cargos conquistados en concursos de oposición.
Ese ominoso episodio tenía que ser bien contado. Por eso es tan importante el Informe académico sobre la reforma judicial de 2024 en México ––del que ya escribí en otra ocasión––, coordinado por Sergio López Ayllón y Diego Valadés, y en el que participamos una veintena de investigadores, casi todos del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Y por eso es tan importante el documental recientemente estrenado Cuando perdimos el juicio. Crónica de la reforma judicial en México, dirigido por Amir Galván Cervera y patrocinado por la Academia de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de la American University WCL, el Rule of Law Lab de la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York (NYU), la Oficina de la Fundación Konrad Adenauer en México y Juicio Justo.
En menos de media hora Cuando perdimos el juicio da cuenta de los aspectos más relevantes de ese golpe: la rabia de López Obrador por las decisiones de una Suprema Corte independiente; la admirable resistencia de juzgadores, académicos y estudiantes; la abyección del INE, el Tribunal Electoral y los legisladores oficialistas; las maniobras gangsteriles en el Senado para completar la mayoría calificada; los gritos imborrables de traidor a los Yunes; la diversa traición del ministro Alberto Pérez Dayán; las elecciones judiciales inducidas por acordeones; lo revelado y analizado por Norma Piña, Javier Laynez y Juana Fuentes Velázquez. Imperdible.
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