Desde 2020, la ONU proclamó el 18 de septiembre como el Día Internacional de la Igualdad Salarial. Como muchas otras conmemoraciones, ésta busca recordarnos, al menos cada año, que las oportunidades y logros laborales siguen favoreciendo a los hombres.
De acuerdo con ONU Mujeres, a nivel mundial, las mujeres que trabajan en el mercado laboral ganan en promedio 20% menos que los hombres. El Observatorio Social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) publicó la semana pasada una cifra similar: de las personas que trabajan entre 25 y 64 años, las mujeres ganan 24% menos ingreso mensual que los hombres https://ceey.org.mxhttps://laaurora4b75e58960.blob.core.windows.net/bloblaaurora4b75e58960/2026/09/Comunicado-de-prensa-CEEY-18Sep2026.pdf Dicho al revés, en promedio los hombres ganan 31% más que las mujeres: mientras que el ingreso promedio mensual de los hombres en el segundo trimestre de 2026 era de $12,500, el ingreso de las mujeres fue de $9,500.
Es interesante que la educación ayuda a cerrar estas brechas salariales, pero no las elimina. Para las personas que no tienen algún nivel educativo, los hombres ganan 58% más que las mujeres; para quienes tienen licenciatura, esta diferencia representa sólo 24%. La mayor educación amplía las oportunidades de las mujeres, pero aún así se pueden observar brechas salariales importantes.
Hay varias razones para estas diferencias. Los roles tradicionales e históricos entre hombres y mujeres son una de ellas. Si bien en muchas sociedades se ha observado una mayor participación laboral de las mujeres en los últimos años, en general los roles hogar/mercado laboral siguen presentes. Por ejemplo, los cuidados para miembros de la familia vulnerables los siguen liderando las mujeres. En el caso mexicano, del total de personas que cuidan a niños, adolescentes, adultos mayores o personas con alguna enfermedad en la familia, 76% son mujeres. Si las mujeres dedican buena parte de su tiempo al cuidado y apoyo al interior del hogar (o en los hospitales), entonces tienen menos tiempo para el trabajo de mercado.
No es coincidencia que mientras que los hombres tienen una tasa de participación laboral de 75%, sólo 46% de las mujeres trabaja en el mercado. La cifra para las mujeres es incluso menor que para países como Brasil y Colombia, que es alrededor de 55%. Nuevamente encontramos diferencias de participación femenina al interior de México. Para los tres primeros deciles de ingreso la participación es de alrededor de 40%, pero para los deciles más altos es de 72%. La mayor educación no elimina las brechas de género, pero las reduce de manera importante.
Cuando las mujeres tienen la posibilidad de trabajar, su menor participación se refleja en las horas trabajadas. Para las edades de 25-64 años, las horas trabajadas a la semana de las mujeres son de 37 horas, frente a 44 de los hombres. Cuando las mujeres trabajan en el mercado laboral, las labores en el hogar les impide muchas veces tener trabajos de tiempo completo. Si estimamos el ingreso laboral por hora, el ingreso de los hombres es sólo 12% mayor que el de las mujeres (contra 31% en el ingreso mensual). Esto quiere decir al menos dos cosas: que una parte importante de la diferencia de ingreso entre hombres y mujeres se debe al menor tiempo que ellas pueden dedicarle al mercado laboral, y que hay una parte que puede atribuirse a otros factores, incluyendo a la discriminación que sigue presente.
Mientras más chances tengan las mujeres de hacer con su tiempo lo que quieran, entonces veremos que las brechas laborales se reducirán. Haber eliminado las estancias infantiles y las escuelas de tiempo completo, así como no tener avances para un sólido sistema de cuidados a nivel nacional, empeora la desigualdad. Ojalá veamos lo contrario en los años siguientes.
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