En Davos, Mark Carney declaró: “Estamos ante una ruptura, no ante una transición”. Un reconocimiento explícito del colapso del orden global de la posguerra. México debe a ese orden su consolidación como potencia comercial y destino de inversiones. ¿Qué esperar?
Davos confirmó algunas tendencias estructurales:
Primero, la “politización” de los mercados. Las intervenciones gubernamentales en la economía crecieron 262% en cinco años (WEF). Muchas de esas intervenciones se sustentan en discursos patrióticos o criterios ambiguos, como la seguridad nacional.
La administración Trump utiliza los aranceles como herramienta de negociación y pretende controlar la inversión inmobiliaria y las tasas de interés. Mientras, Macron defiende públicamente la protección del mercado europeo frente a Estados Unidos.
Segundo, el escalamiento de guerras comerciales hacia potenciales guerras de capitales: restricciones a la inversión, controles financieros o bloqueo de activos. Esas tensiones ya reconfiguran los flujos comerciales: en 2025 más de $400,000 millones de dólares se reubicaron. Una alerta. El nacionalismo también impacta en el consumo.
Hoy, los consumidores confían cada vez más en las empresas nacionales y menos las extranjeras (Edelman Trust Barometer, 2026). En México la diferencia es de 11 puntos (66 vs. 55), en Estados Unidos, de 16.
Christine Lagarde comparó el momento actual con los años de entreguerras, cuando populismo, proteccionismo y nacionalismo extremo rediseñaron las economías.
Tercero, la resiliencia es cada vez más importante que la eficiencia. Tres de cada cuatro líderes empresariales priorizan la solidez de las cadenas de suministro sobre la optimización de costos (WEF). Hoy las cadenas de valor entraron en una etapa de volatilidad estructural donde la disrupción es cada vez más constante. ¿Qué hacer?
Diversificar seriamente, con metas cuantificables en el corto plazo. La integración con América del Norte es y seguirá siendo una ventaja, pero nuestra dependencia es también una vulnerabilidad crítica.
La UE negocia un gran acuerdo comercial con India. México podría acelerar su integración con Asia-Pacífico a través del TIPAT, del cual somos parte. No para abandonar la integración norteamericana, sino para consolidar opciones que reduzcan nuestra exposición a decisiones unilaterales de Washington.
Hasta ahora, el sector servicios la logrado permanecer intacto a la fragmentación comercial global. El turismo, los servicios digitales o la logística siguen creciendo.
México debe aprovechar sus ventajas –ubicación, talento– para capitalizar y potenciar más esos sectores como áreas de oportunidad. Además de invertir en infraestructura digital para facilitar el comercio, especialmente para las PyMEs.
Navegar esta complejidad requiere capacidad que la mayoría de las organizaciones mexicanas no tienen. Solo 20% de empresas (Building Geopolitical Muscle, WEF) tienen análisis geopolíticos para sus liderazgos ejecutivos. Entendible: están acostumbradas a optimizar eficiencia en un mundo estable, no a la volatilidad estructural. Un análisis oportuno capaz de traducir las tendencias en decisiones estratégicas puede hacer toda la diferencia.
Hace 30 años, México apostó a la integración. Ganamos enormes flujos comerciales e inversiones, pero sacrificamos autonomía. Hoy debemos aprovechar las nuevas tendencias para recuperar autonomía sin sacrificar nuestra competitividad.
