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FMI y Banco Mundial frente a la crisis

Esta semana, Washington recibe a los ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales de los países miembros del FMI y el Banco Mundial. En su reunión de primavera, el orden financiero internacional le toma el pulso a la economía global.

Si algo caracteriza a este encuentro es la incertidumbre. Hay claridad en el diagnóstico, pero no en los instrumentos para hacerle frente.

Durante 80 años, ambas instituciones han hecho intervenciones calibradas para atender crisis de demanda, deuda o tipo de cambio. El shock de oferta provocado por la guerra en Medio Oriente y el cierre del estrecho de Ormuz es distinto: un conflicto armado que ha reducido el flujo mundial de petróleo en 13% y el de gas natural en 20%.

El FMI puede ofrecer entre 20 y 50 mil millones de dólares en apoyos de emergencia. El Banco Mundial puede movilizar hasta 70 mil millones en seis meses. No son cifras menores. Lo que ninguno de los dos puede hacer es terminar con el intercambio de bloqueos en Ormuz.

La situación se agrava considerando que la mayoría de los países tiene un margen reducido para responder: déficits de más de 5% del PIB, el promedio de deuda pública en las economías avanzadas es de 110%, la inflación se mantiene por encima del objetivo en muchos casos. Estimular el consumo sólo empeoraría las crisis internas al acelerar la inflación.

En el plano internacional, no existe la disposición colaborativa que permitió amortiguar los impactos de otras crisis: el G20 opera con tensiones que le impiden actuar con la coordinación y la celeridad que la situación exige. No hay consensos, ni siquiera confianza mínima.

Las instituciones de Bretton Woods fueron diseñadas para un mundo con shocks esencialmente financieros y una cooperación suficientemente predecible. Nuestra realidad no cumple con ninguna de las dos condiciones.

En ese contexto, México se encuentra en una posición particularmente incómoda. Importamos gasolina, nuestra economía creció apenas 0.8% el año pasado, renegociamos el T-MEC. Los recientes recortes de la tasa de interés de Banxico reducen el margen disponible si la guerra se prolonga —precisamente cuando el FMI advierte que los bancos centrales podrían necesitar subir tasas si la inflación se dispara.

Kristalina Georgieva, directora general del fondo, lo dijo con claridad hace unos días: la solidez de los fundamentos económicos es la mejor defensa ante los shocks. Los de México resisten, pero las presiones crecen: baja productividad, informalidad, poco crecimiento y menos disciplina fiscal.

Frente a una crisis que ni el FMI ni el Banco Mundial pueden resolver, las decisiones que más importan son las nacionales. Estamos a tiempo de tomarnos en serio la economía.

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