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James Talarico, lecciones para la oposición en México

James Talarico hizo historia en Texas. Después de 38 años, los demócratas consiguieron ganar un escaño en el Senado de Estados Unidos por ese estado, y lo hicieron de forma contundente.

La contienda por el Senado en Texas fue la que recibió mayor atención durante las elecciones intermedias. No solo por su costo, sino por la expectativa de saber si, esta vez, un candidato demócrata lograría imponerse en uno de los principales bastiones republicanos del país. Todavía pesan entre los demócratas las derrotas de Beto O’Rourke, quien en 2018 perdió por apenas tres puntos frente a Ted Cruz y en 2022 no logró arrebatarle la gubernatura a Greg Abbott.

La victoria de Talarico, con una ventaja de 12 puntos sobre su rival, el fiscal estatal republicano Ken Paxton, deja varias lecciones para los partidos de oposición en México.

La primera es la importancia de seleccionar buenos candidatos. En Talarico, los votantes encontraron a alguien con quien podían identificarse. Antes de incursionar en la política, Talarico fue profesor de sexto grado en una escuela pública y seminarista presbiteriano. Sus antecedentes personales y profesionales le permitieron conectar con un electorado caracterizado por sus valores conservadores y su profunda tradición religiosa.

La segunda lección está en el mensaje. Talarico mantuvo una campaña disciplinada, centrada en dos preocupaciones: el combate a la corrupción y el alto costo de vida de las familias texanas. A esto se suma su capacidad como orador. Tiene facilidad para comunicar ideas complejas con un lenguaje sencillo, conectar emocionalmente con la audiencia y defender sus ideas con claridad sin recurrir a discursos estridentes.

El mensaje anticorrupción encontró terreno fértil gracias al contraste con su rival. Paxton ha enfrentado durante años acusaciones de corrupción, fraude y abuso de poder. En 2023, miembros de su propio partido impulsaron un juicio político en su contra.

El costo de vida fue el segundo eje de su campaña. Basta con recorrer un supermercado para dimensionar la preocupación de las familias por el encarecimiento de los productos básicos. Las políticas arancelarias de Trump y las consecuencias económicas de la guerra contra Irán han alimentado esa inquietud. El Pew Research Center identifica la economía y el costo de vida como los principales factores que influyen en las preferencias electorales.

Hay otro elemento que merece atención. Talarico incorporó su fe cristiana a su discurso político. Sus referencias religiosas no buscaron profundizar las divisiones, sino transmitir un mensaje de reconciliación, amor y servicio al prójimo. Un recurso poco habitual entre los candidatos demócratas, que históricamente han dejado ese terreno discursivo en manos de sus adversarios republicanos.

La tercera lección es la importancia de concentrarse en los problemas locales. Talarico identificó las preocupaciones cotidianas de los texanos: escuelas con recursos insuficientes, dificultades para acceder a una vivienda y falta de cobertura médica. Él y su equipo entendieron una máxima de la política estadounidense atribuida al dirigente demócrata Tip O’Neill: “Toda política es local”. En lugar de perderse en debates nacionales, centraron sus propuestas en ofrecer respuestas a los problemas concretos de los texanos.

La experiencia de Texas deja lecciones para los partidos de oposición en México. El éxito electoral comienza con buenos candidatos capaces de conectar con los ciudadanos.

Se necesita, además, un mensaje claro y disciplinado que contraste las debilidades de los adversarios, pero que también atienda los problemas que afectan la vida cotidiana. No basta con señalar los errores del gobierno, hay que ofrecer alternativas.

La combinación de estos elementos y el liderazgo de Talarico permitieron alcanzar un resultado que parecía imposible hace algunos días: pintar de azul a Texas.

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