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Cuauhtémoc: evocaciones justas; vuelan bumeranes

Hombre de su tiempo. Difícil, no suscribir las altas valoraciones y reconocimientos ante los momentos más significativos de la trayectoria pública de Cuauhtémoc Cárdenas. Imposible, no participar de las evocaciones entrañables de su personalidad y su equilibrio emocional, libres de los odios y resentimientos, tan próximos a su entrono en algunas épocas de su vida. Encomios merecidos, igual si se fecha a sus 54 años, al recibir su acta de fe democrática por su ruptura con el PRI, en 1988, que si se aprecia –de manera más fructífera– en la perspectiva de un hombre de su tiempo, que evolucionó con lucidez crítica y libertad hasta el final de sus días.

Ni blanco ni negro. No hay manera de analizar –en blanco y negro– la complejidad del tránsito de Cuauhtémoc Cárdenas a través de sus tiempos. Nació el mismo año de la llegada al poder presidencial de su padre, quien, entre muchas cosas, consolidó la concentración del poder en el presidente, que el hijo confrontó medio siglo después; se formó en el aldeanismo, quien definió con claridad la ruta del capitalismo mexicano, cuestionada por el Movimiento de Liberación Nacional en el que destacó el joven ingeniero; simpatizó con el movimiento del 68 mexicano, pero ocupó altos cargos, entre ellos, de gobernador de su estado, bajo el sistema priista, antes de su ruptura con los métodos de la sucesión presidencial del priismo. Y hoy aparece distante, por decir lo menos, de la autocracia que él contribuyó a edificar.

Democracia descarrilada. Vuelan bumeranes de reproche a los elogios lanzados en busca de obtener algo del prestigio cardenista. "Precursor del movimiento democrático”, lanza AMLO. Pero usted lo clausuró, le responde el bumerán. "Abrió el proceso democrático en México", que ustedes descarrilaron, le replica al diputado Monreal. Y esperen, que hay más.

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