La balanza comercial expresa las capacidades y necesidades de la planta productiva. En el mes de septiembre se observa el peso de la integración comercial México-Estados Unidos, los cambios que vive el sector manufacturero y la necesidad estructural de importar los insumos con los que opera la economía del país.
En septiembre, el valor de las exportaciones ascendió a 77,797 millones de dólares (mdd), en tanto que las importaciones sumaron 78,403 mdd; un comercio total de 156,200 mdd, en el cual, de cada 100 dólares exportados 94 correspondieron a ventas manufactureras y, específicamente 72 a manufacturas no automotrices. Asimismo, de cada 100 dólares importados, 93 fueron no petroleros y 76 correspondieron a compras de bienes intermedios no petroleros.
La actual demanda estadounidense propició un incremento anual de las ventas de equipos y aparatos eléctricos y electrónicos de 94.7%, seguido de los productos minero-metalúrgicos, maquinaria y equipo especial para industrias diversas, productos plásticos y de caucho y productos automotrices, cuyo aumento solo fue de 5.7%.
En el caso de las importaciones, los bienes de consumo no petroleros crecieron 6.3 % pero los petroleros (gasolina y gas butano y propano) aumentaron 40.9% anual. Las compras de bienes de uso intermedio aumentaron 38.8 %; el incremento de los no petroleros fue de 39.6%. A su vez, las importaciones de bienes de capital alcanzaron un crecimiento de 18.7 por ciento.
En el agregado enero-septiembre los resultados son similares; un crecimiento anual de la exportación de 30.4% y de la importación de 27.5%. En lo primero destaca la dinámica de crecimiento (46%) de la exportación manufacturera no automotriz que es la de mayor peso y, en la segunda, es notable el ritmo de crecimiento (34.6%) de la importación de bienes intermedios no petroleros; cabe señaalr que en este tema, la balanza petrolera total arrojó un déficit de 25,684.4 mdd.
Estos resultados confirman las opciones existentes para fortalecer y renovar la planta productiva. Para ello se requieren acuerdos, pero también acciones concretas públicas y privadas que permitan definir el tipo de economía que se necesita construir y, socialmente, que evite dejar sectores económicos y sociales atrás.
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