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Taddei ¿ensaya el robo electoral?

Que el árbitro electoral realice arreglijos con proveedores del INE, y festeje impúdicamente una relación con ellos, sin duda, pero sin ingenuidad, es un adelanto de lo que es capaz de hacer con los resultados electorales del proceso electoral en curso, que culminará  el próximo año, entre otros cargos, con la renovación de toda la Cámara de Diputados y diecisiete gubernaturas.

El listón moral, la medida ética de Guadalupe Taddei, presidenta de Instituto Nacional Electoral, es una vara que está en el piso, en el lodozal: ¿en qué cabeza cabe firmar contratos de proveeduría con amigos?

Estamos regresando a la época del PRI, la época dorada de hace algunos años, donde el gobierno organizaba las elecciones que eran una farsa; el resultado estaba previamente acordado. Si acaso Morena tiene una ventaja electoral inalcanzable para la oposición; si acaso, también, la aprobación de la principal propagandista de Morena, la presidenta Sheinbaum, está en niveles históricos, ¿qué necesidad tienen de que el árbitro electoral se meta en desfiguros y triquiñuelas?. Morena jugará con un árbitro que le compró el uniforme, las banderas y el silbato a los propios morenistas.

La elección además de ser transparente, imparcial y profesional, debe tener un alto grado de decencia. Contar los votos exige pulcritud no sólo del escrutinio de los votos, sino limpieza de cada uno de los Consejeros y Consejeras del INE. Arreglar licitaciones, es el prólogo de arreglar las elecciones.  

Guadalupe Taddei ha puesto en entredicho el proceso electoral. Se ha convertido en un problema más de la credibilidad de la elección. Ya bastante problema tiene el país con los Consejeros gubernamentales títeres del gobierno, y los jueces del Tribunal electoral que obedecen consignas. Ahora encima “moches” o “cobros de piso electorales”. No tienen vergüenza.

Posdata.-

En Chihuahua, la tierra de Pancho Villa, donde se encumbró en los altares de la patria a ese abigeo, violentador de mujeres, cuyo nombre es falso, porque se llamaba Doroteo Arango, algo anda mal. No defiendo a un funcionario que haya cometido delitos, y sí defiendo que la gobernadora combata el narcotráfico, pero si Pancho Villa tenía las manos manchadas de sangre, el candidato del PAN a la alcaldía de la capital chihuahuense, no debe tener las manos embarradas de los muros de Almoloya.

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