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Juchitán, narco-Morena. ¿no qué no?

Encerraron en la cárcel del Almoloya a Miguel Sánchez Altamirano, alcalde de Juchitán, Oaxaca, de Morena, y los fanáticos obradoristas y sus autoridades cómplices seguirán negando que en Morena anida parte del crimen organizado que flagela al país.

Juchitán es un pueblo heroico, y es la prueba palmaria, cristalina, de cómo la izquierda se transformó de un partido político que busca el poder político por la vía pacífica, a un movimiento de delitos donde el Estado se confunde con los delincuentes, por la cesión de facto, por parte de alcaldías, gubernaturas y mandos policiacos, del monopolio del ejercicio de la violencia legítima.

Juchitán pagó con cuotas de sangre su virtud cívica; mientras el gobernador Manuel Zárate Aquino, recibía en la capital a la reina Isabel II del Reino Unido, en visita oficial, en la década de los setenta, también toleraba asesinatos, secuestros, despojos, desapariciones y torturas de estudiantes y campesinos en la región del Istmo. Allí se formó la Coalición Obrero-Campesino-Estudiantil del Istmo (COCEI), con gente de auténtica izquierda, comprometidos con la igualdad y la libertad de su pueblo. Destacó el liderazgo de un militar, Leopoldo de Gyves Pineda, el “Mayor Polo” que fue encarcelado; pero su hijo Leopoldo de Gyves de la Cruz que después de fraudes, autoridades electorales cooptadas, compra de votos, amenazas, anulación de elecciones, alcanzó la presidencia municipal de Juchitán.

Poco a poco ese espíritu de servir a los vecinos y luchar por la dignidad de los juchitecos en la COCEI, en la izquierda se pudrió. En las agresiones a la COCEI, allá por 1982, incluso ametrallando la casa de Leopoldo de Gyves, ¿acaso no andaba un Ricardo Dorantes Morteo, que luego el gobernador Murat y Morena le dieron trabajo en el Instituto de Educación de Oaxaca?

Y por el otro lado, el dirigente de la COCEI Héctor Sánchez López, hombre de izquierda, presidente municipal de Juchitán, diputado y senador, y, ¿ahora consejero de Comisión Federal de Electricidad? ¿No dirá nada del narcogobierno de Juchitán, su tierra natal?

La izquierda juchiteca se carcomió su autoridad moral. El mejor ejemplo es que el alcalde morenista preso, Miguel Sánchez Altamirano, al que le apodan “Quetu”, es hijo de otro líder de esa COCEI, Miguel Sánchez Hernández, quien debería recordar cómo agredieron en La Ventosa, al pintor Francisco Toledo, y al escritor juchiteco Víctor de la Cruz. Corría 1983. Entonces le dictaron orden de aprehensión a Leopoldo de Gyves, presidente municipal, el Congreso desapareció poderes en Juchitán, y toma posesión un alcalde oficialista con la policía en un centro escolar, porque la presidencia municipal y las calles aledañas de Juchitán las tenían tomadas más de dos mil juchitecos dignos… Eso fue ayer. Hoy la presidencia y las calles las tiene tomadas algunos de los mismos de la COCEI, con aroma fétido a crimen.

Las víctimas de Juchitán de tantos años (incluida la artista muxe Elvis Guerra) se quedaron con las manos vacías y los cuerpos llenos de dolor, tanto con la COCEI y con Morena. Criminales ¿No que no?

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