El estudio Panorama de la Salud de América Latina y el Caribe 2026 elaborado por la OCDE, el BID y el Banco Mundial, indica que en América Latina y el Caribe pese a los avances en ampliación de la cobertura, aún es necesario transformarla en “atención efectiva, de alta calidad, equitativa y financieramente sostenible”.
Ante un panorama de enfermedades no transmisibles, envejecimiento de la población, amenazas infecciosas y riesgos ambientales, la región presenta sistemas de salud con bajos niveles de gasto, cobertura fragmentada, escasez de personal e infraestructura y un elevado gasto de bolsillo de la población.
En 2024, el gasto corriente en salud representó el 6.5% del PIB en América Latina y el Caribe (ALyC); en México representó 6.1% del PIB y, en la OCDE, alcanzó 9.3% del PIB. En promedio, el gasto corriente en salud per cápita en los países de la OCDE fue de 6,097 dólares, en ALyC fue de 1,518 dólares y, en México, de 1,653 dólares.
Considerando únicamente el gasto público, en 2024, el promedio de la OCDE fue de 7.0% del PIB, el de ALyC fue de 3.8% y el de México fue de solo 2.2%.
El insuficiente gasto en salud derivó en el aumento del gasto de bolsillo de la población. Se trata del gasto directo de los hogares en salud, el cual representó en la OCDE 20% del gasto corriente total en salud; en el caso de ALyC fue de 32% y en México alcanzó el 38%, a punto de duplicar el promedio dela OCDE.
Los indicadores revelan que, como porcentaje del PIB, México destina una proporción menor que la OCDE y ALyC al gasto en salud y que son los hogares quienes financian directamente una proporción considerable del gasto corriente total en salud.
La Salud como derecho humano, si bien siempre enfrenta la insuficiencia de recursos públicos, recibe una consideración desigual por los gobiernos; mientras que algunos reconocen como prioridad ampliar la cobertura y calidad de los servicios públicos de salud, característica del Estado de Bienestar, para otros la salud pública solo se queda en el discurso.
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