Hasta hace poco los papas no se enfermaban, De repente la gente se enteraba, cuando estos ya habían fallecido, que el pontífice había estado enfermo, que había sufrido durante años un cáncer o algún otro padecimiento grave, pero la Santa Sede consideraba que era importante mantener en secreto su estado de salud. Lo cual tenía varias motivaciones. La primera era mantener de alguna manera el aura de santidad del personaje, ligado a la idea que el principal siervo de Dios no podía ser sujeto a los dolores y miserias de los mortales comunes. Pero también, en una época en la que la información no era tan abundante ni viajaba con la velocidad de ahora, ello servía para mantener bajo control las especulaciones sobre el posible sucesor. Ciertamente, no siempre esto era posible porque a veces la sola edad avanzada del papa anunciaba ya su próxima desaparición. Pero luego había algunos pontífices que duraban más de lo esperado, lo cual generaba incluso alguna impaciencia entre los candidatos a sucederlo. León XIII reinó en el Vaticano durante 25 años y murió a la edad de 93 años, Lo que hacía a muchos decir: “Elegimos a un Santo Padre, no a un Padre eterno”. Se trataba, de cualquier forma, de un caso excepcional. La edad promedio de muerte de los papas en los últimos tres siglos es de 78 años. Se podría pensar sin embargo que con los avances de la medicina moderna esa edad podría aumentar, digamos unos siete años más. Lo cual no elimina la posibilidad de muertes más tempranas, como fue el caso de Juan Pablo I, que murió repentinamente a los 65 años. En cualquier caso, hay que decir que respecto a los liderazgos seculares en el mundo, su gestión es en promedio realizada a una avanzada edad, lo cual no deja de tener sus consecuencias en materia doctrinal y pastoral.
Ahora bien, la salud del papa importa obviamente porque se trata de un líder religioso que tiene una estatura moral respaldada por una institución fundada hace dos mil años, con mas de mil millones de seguidores que en principio creen lo dicho en el evangelio según San Mateo, Jesucristo le habría dicho a Simón: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi Iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Pero además y muy importante, habría agregado: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”. No estoy seguro que todos los católicos del mundo conozcan de esa supuesta capacidad del papa o crean realmente en ella. Pero como imagen es muy fuerte. Pero además el papa tiene otra capacidad, única entre los líderes religiosos, que es la de tener representación diplomática, es decir política, ante los Estados del mundo. En efecto, debido a las 44 hectáreas del Vaticano y gracias a las maniobras de Mussolini, la Santa Sede recuperó su capacidad plena como sujeto de derecho internacional, que no tenía desde la pérdida de los Estados Pontificios. Y es desde esa plataforma política que el papa puede actuar, con esa doble representación religiosa y política.
Así que la salud del papa importa porque la autoridad moral del llamado Vicario de Cristo tiene un sustento tanto religioso como secular. Y eso es suficiente para que poblaciones y líderes le den algún valor a lo que dice, aunque no siempre sigan sus consejos.
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